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Las ventanas del deseo

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El presente trabajo está conformado por tres partes, cada una de ellas aborda un aspecto diferente de la realidad humana, estos aspectos giran en torno a un eje común y motor fundamental de la conducta del sujeto que denominamos: deseo.

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Quiero destacar que, a pesar de la relación descrita, cada parte del libro, como asimismo, cada uno de los subtemas que lo componen, gozan de autonomía y pueden ser leí-dos indistintamente o en diferente orden al establecido. También quiero aclarar aquí, que mi destinatario es el lector común, con la sola condición de su interés por el tema, por lo cual, me he propuesto allanar en todo lo posible su lectura. Pero si a pesar de todo algún lector se encontrase en dificultad para la comprensión de algún pasaje del texto, le sugiero pasar por alto la zona problemática, sin temor a perder el hilo de las ideas fundamentales que quiero trasmitir, dado que las mismas están diseminadas de diversas formas a lo largo de todo el trabajo, y el lector inexorablemente las confrontará en múltiples ocasiones.


En la primer parte del texto: "La carne y el sujeto", las ventanas procurarían mostrarnos un poco el proceso en el que se halla inmerso el deseo humano, cuando se expresa conflictiva o sintomáticamente en el terreno corporal, es decir, en el terreno de la disfunción o enfermedad orgánica. La finalidad última que persigo con este desenmascaramiento es contribuir a la desalienación del individuo, del discurso biologicista en boga, cuya intención manifiesta parecería ser el reducir al sujeto a su mero cuerpo biológico, atrofiándo-sele de ese modo sus representaciones singulares y sus potencialidades, y dejándolo por consiguiente, sin su fuerza simbólica o sin su capacidad de respuesta subjetiva. O sea, en estado de desamparo y proclive a la sugestión, con lo que se intensificaría el nefasto círculo vicioso.


Como resultado de la interrelación entre las diversas variables o aspectos humanos genéticos, bio-químicos o psico—culturales, surge la conducta humana, que si la entendemos ampliamente, podemos incluir en ella también la cuestión patológica, es decir, todo lo relacionado con las enfermedades o las dis-funciones, como asimismo con la sintomatología corporal.


En la segunda parte de esta obra: "Analogías: YO — PC", podremos esquematizar metafóricamente en la pantalla de la PC, con la ayuda de las ventanas de los programas informáticos "Windows", algunos de nuestros aspectos más lógicos y racionales. Procuraremos representarnos a través de un espontáneo soft-ware metafórico de Psicología, algunas de nuestras particularidades asociativas, contextualizándolas siem-pre en el marco de categorías o "ventanas" más amplias.


Si tuviésemos una computadora muy perfecta, sin siquiera periféricos, a la que sólo le fuera necesario pensar para que se active, que además fuese capaz de leer nuestros pensamientos y sensaciones, aún los más sutiles, con una pantalla que presente solo fluidas imágenes, capaces de mostrarnos y hacernos com-prender toda su información sin necesidad de activar ningún ícono; entonces, a esta máquina tan bien mi-metizada con cada uno de nosotros, sólo le restaría estar incorporada en el lugar de nuestro cerebro para que dejemos de notarla totalmente. Y es eso justamente lo que nos ocurre cuando "no notamos" el cotidia-no, preciso y constante funcionamiento de nuestra computadora personal mental. Así que, debido a la exce-lencia de nuestros procesos mentales, no podemos casi contemplarlos.


La fascinación por la informática no es otra cosa que la fascinación por las cosas de uno mismo pro-yectadas en lo externo, en los medios tecnológicos.


Frente a la depuración técnica y estética presente, los medios tecnológicos reemplazarían cada vez en mayor medida lo interno. Interno eclipsado, relegado y negado; que cede de esta forma su valor y su lugar. El hombre se reencontraría en el escenario tecnológico (escenario tanto real como virtual), con lo perdido dentro suyo.
Si hiciéramos analogía entre la PC y nuestra propia conciencia, podríamos visualizar esquemática-mente en la pantalla, algunos de los elementos que poseemos en nuestra dinámica mental, aunque de ma-nera encubierta.


Entonces nos maravillaríamos afuera, en la PC concretamente, de todo lo que no podemos ver en nuestro interior, pero en la medida que podamos "con la ayuda de la PC", vislumbrar algunos aspectos, los más conscientes, racionales y lógicos de nuestro funcionamiento mental, de algún modo jerarquizaríamos nuestro mundo mental, sin —por supuesto— negar con esto, la utilidad práctica que posee el mundo infor-mático.


Las posibilidades o recursos mentales con que contamos, son como las herramientas informáticas que esperan ser activadas para que procuremos obtener lo deseado. A lo largo del texto utilizaremos ade-más, otros ejemplos y metáforas, para mostrar cómo se activarían diversos mecanismos mentales más sutiles, como ser: defensas, resistencias, bloqueos, fobias u otros. Y por último, intentaremos evidenciar la incidencia de lo psíquico en tres áreas sumamente importantes de la esfera humana: la vinculada a las enfermedades y disfunciones de todo tipo; como asimismo, la relacionada con gran parte de los actos falli-dos y las conductas indeseables de la vida cotidiana; también —y ésta es fundamental—, la conectada al "sentido de la vida".

 

O sea, nada menos que el motor que nos conduce por este mundo. De la potencia del mismo (pasión), y de la elaboración—superación de los conflictos que obstaculicen su empuje, dependerá nuestro destino y, por ende, el éxito o fracaso "subjetivo" de nuestra existencia.


Trataremos de familiarizar al lector con sus asuntos internos, promoviéndole por un lado, un efecto didáctico y beneficioso en sí mismo; y por otro, un "acercamiento mental" a las Psicoterapias dinámicas, o al Psicoanálisis propiamente dicho, ambas como herramientas legítimas para tratar de obtener —en caso de ser necesario— la armonía perdida y el sentido por el cuál vivir o luchar.


El contenido de esa parte del libro está más del lado de lo exacto. En cambio, el de la tercer parte ("El éxito del escritor"), se vincula más a lo sublimado, al destino, al sentido y al triunfo "subjetivo" del individuo y su obra.


La primera y segunda partes del trabajo son esclarecedoras. En la primera procuraremos independi-zar un tanto al sujeto del discurso absoluto pseudo¬científico. En la segunda, el foco se centra en aliviarle la influencia y cautivación que la máxima creación tecno—científica le genera.


El aspecto de autoayuda que posee este libro no se basa tanto en la transmisión de una metodología acabada, sino en el esbozo de algunas ideas a modo de muestra para que luego cada lector las termine, las adapte, o incluso las cambie por otras surgidas de su propia imaginación. Uno de mis objetivos es estimular al lector a que se anime a pensar y visualizar su PC como una gráfica de ciertos aspectos y procesos men-tales; y también como una extensión de sus capacidades y potencialidades. Prefiero que este texto actúe como un verdadero disparador de una auténtica "auto"— ayuda.

 

Las analogías YO—PC, o sujeto—computadora, presentadas aquí, tienen su propio perfil, dado que contienen un "enfoque humanista" versus el utilitarista que se les suele aplicar desde la racionalidad litera-ria. No pretenden lograr productividad o eficacia en el uso mental "instrumental" de los lectores, sino, nada más —ni nada menos— que servir de soporte visual con respecto a esa dinámica.


Otra distinción —tal como vimos antes—, es que estas analogías están "abiertas" a la creatividad y ocurrencias del lector, que puede completarlas según su gusto o necesidad, desarrollando entonces su propio aspecto autodidacta en torno a estos asuntos. En cambio, las demás suelen ser cerradas; es decir, se le ofrece al lector un paquete estructurado para ser usado con un determinado y unívoco procedimiento.

 

En la última parte de este libro: "El éxito del escritor"; el título sólo es metafórico e independiente de la actividad o profesión real de escritor, y por lo tanto, está referido al aspecto creativo humano, manifiesto o latente, sustentador de la ilusión y la esperanza, que nos orientará entre las ventanas, a entrever, en lo sucesivo la posibilidad de ir construyendo un hipotético "posicionamiento subjetivo"' en torno al éxito y al fracaso, pero entendiendo al éxito como algo muy particular; un constructo muy singular, diseñado a la me-dida de cada individuo. Un éxito que contemple las vicisitudes de su deseo y su identidad, y no tanto lo que el sentido común o la subcultura del individuo, pretenda o crea sobre este asunto.


En "El éxito del escritor" apelo a un sentido más abarcativo, a la función escritora de nuestra propia vida, ya que todos nos manejamos con palabras, todos escribimos mentalmente cosas al pensar, o partici-par del lenguaje; o al estar como estamos, inmersos entre los símbolos, o atravesados por los mismos; de una u otra forma, todos nos las vemos con el lenguaje, el cuál nos constituye y habita en nuestra subjetivi-dad. Todos escribimos —consciente o inconscientemente¬nuestros actos cotidianos y hasta nuestro propio destino, siempre bajo el influjo de la escritura histórica que hicieron otros en nosotros, y que por otra parte, podemos actualmente deshacer o afianzar, más o menos proporcionalmente a nuestros anhelos y esfuerzos de cambio.


A la luz de estas reflexiones, el éxito de quien escribe es un posicionamiento mental vinculado a la palabra, que nos ubica frente a la vida de otro modo, y que nos facilita o no, que las cosas salgan como pretendemos, que nuestros deseos se cumplan o no. Es todo lo relacionado a la escritura de la vida con sus fracasos y éxitos siempre subjetivos. Es un posicionamiento singular que cada uno tiene que procurar ocu-par en su vida, para ir de esa manera desplegando su subjetividad y plasmando su obra.
'Referido al lugar en que se encuentra situado mentalmente alguien. Un individuo, aunque no lo sepa, se ubica inconscientemente en diversos posicionamientos mentales, y en consonancia con el lugar asumido va a percibir la realidad tanto interna como externa, en un símil a un hipotético personaje que —por ejem-plo— se encuentre observando un tren en movimiento; de acuerdo a como se sitúe con respecto al mismo: adelante, al costado o detrás, lo va a percibir llegando, pasando o alejándose de él respectivamente.


El libro en su conjunto apunta a rescatar la subjetividad humana, a "instaurar la primacía del símbolo". Debe procurar además, simplificar lo complejo, mediante explicaciones claras, ejemplos y metáforas, princi-palmente informáticas. Simplificar lo psicológico y compatibilizarlo con lo biológico, son dos pautas impor-tantes en la elaboración de este libro.


Otra propuesta implícita en el texto pasa por dilucidar en parte la cuestión de la longevidad: si la mis-ma es una longevidad de la carne como propone la biología, o un enriquecimiento de la vida del deseo. Intentaremos mostrar entonces, como el máximo rendimiento biológico (longevidad), se alcanzaría en la medida que funcione y se ponga de manifiesto de alguna manera el deseo del sujeto.


Resumiendo, trataremos de exponer y desplegar la incidencia de lo psíquico en torno a la causalidad de enfermedades, disfunciones y fallidos; como asimismo, en toda clase de situaciones cotidianas y, espe-cialmente en lo inherente al sentido de la vida.

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5 Replies to “Las ventanas del deseo”

  1. UGG 5819

    bachelor
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