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Los manuscritos del mar muerto

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Al este de Jerusalén sale una carretera que desciende paulatinamente hacia la orilla noroeste del Mar Muerto o Mar Salado, atravesando un pequeño grupo de montañas y colinas denominadas montañas de Moab, eufemismo para un grupo de alturas que no llegarán a los 500 metros. Bajar hasta la orilla del Mar Muerto es descender por debajo del nivel del mar y, al decir de algunos que han estado allí, se nota un aire denso, pesado. Sin embargo, la tranquilidad, la calma circundante, se hacen sentir.

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Justo antes de que la carretera principal tuerza hacia el sur para dirigirse, paralelamente a la orilla occidental del lago, hacia Masada, aparece una pequeña meseta con ruinas y excavaciones: se trata de Khirbet Qumran –Ruinas de Qumrán-. La distancia a la carretera es de un par de centenares de metros hacia arriba, y a dos kilómetros de la orilla del Mar Muerto.


Las ruinas son pobres y dejan una impresión escasa en el visitante, a no ser que uno vaya muy empapado de expectativas y leyendas sobre el lugar e, impulsado por la inercia, rodee lo que le ofrece la vista de un halo romántico y misterioso. Se trata de unas bases de paramentos y algo más –un par de plantas con paredes muy gruesas- correspondiente a una torre de vigilancia y de defensa. Existen restos de cisternas, de hornos y forjas, paredes, senderos y canales para la distribución de agua procedente del riachuelo cercano, llamado Wadi Qumran, que discurre a escasos metros.


Qumran está sobre una terraza de marga arcillosa y arena que rompe su límite en el lado suroriental por las quebradas dejadas por la erosión. En una de esas quebradas, a pocos metros de las ruinas, se distribuyen unas aberturas o boquetes en la pared y en el suelo de la colina. En la mayor parte de los casos están modificados, pero los comentarios de los primeros en pisar ese suelo en las prospecciones arqueológicas, se dirigían
a la irregularidad y estrechez de los mismos. Sólo unos pocos permitían el paso cómodo de una persona.


Descendiendo por la terraza unas decenas de metros se encuentra un cementerio con unas mil doscientas tumbas. Cada tumba está señalada por un pequeño cúmulo de piedras alineadas. Prácticamente todas las tumbas, y sus alineaciones de cantos, están orientadas de norte a sur.


Hacia el norte, siguiendo una senda medio asfaltada, y a una distancia de aproximadamente un kilómetro se encuentra un kibbutz, bautizado Kalia. Consta de algunas dependencias y un par de escuelas para los niños. Los habitantes no serán muchos y fluctúan. Está algo aislado y tiene vigilancia periódica.


En los campos de alrededor deambulan todavía algunos rebaños de cabras, ovejas y camellos, pastoreados por algún que otro beduino. En realidad, hasta la construcción de un par de carreteras de la zona, esos, los beduinos, han sido los únicos transeúntes de la región, pues en muchos puntos ésta resulta inaccesible.


Siendo territorio palestino desde siempre, esta zona pasó a depender de la corona británica por mandato de la Sociedad de Naciones tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Este mandato expiraba en 1948. Tras su finalización, una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la creación, en su lugar, del Estado de Israel. La zona de Qumran pasó a depender de Jordania. Tras la guerra de los Seis Días –en 1967-, con el resultado de la expansión israelí a toda Palestina, el sur del Líbano, y la península del Sinaí, las ruinas pasaron a depender de Israel, situación que se mantiene en la actualidad.


Descubrimiento e historia de los primeros rollos
Como ocurre con otros aspectos de los manuscritos del Mar Muerto, algunos ofrecen divergentes opiniones y tratamientos: recopilación, traducción, catalogación, publicación, etc. También el descubrimiento de los rollos invita al ejercicio de la imaginación, pues existen casi tantas versiones de la misma como conocedores de primera mano tuvo. Aquí parto de la que ofrece Pedro Gringoire –Los rollos de Qumran, Edamex, Ciudad de México, México, 1993-basada en la del Dr. John C. Trever –Escuela de Teología de Claremont, California, USA, según su libro The Dead Sea Scrolls: A Personal Account, Eerdmans, Grand Rapids, 1977, Michigan, USA-. Salpico de datos recogidos en otros dos libros: El Escándalo de los Rollos del Mar Muerto, de Michael Baigent y Richard Leigh, Martínez Roca, Barcelona, 1992; y Textos de Qumrán, de Florentino García Martínez, Trotta, Madrid, 1993.


En el invierno de los años 1946 y 1947, un beduino llamado Yuma Muhammed Jalil –que, según el autor referido, tenía sueños de buscador de tesoros- se percató de dos agujeros que existían en la ladera de una grieta cercana a donde apacentaba a su rebaño. Se acercó a ellos y lanzó una piedra ante la obscuridad que encontró. Su sorpresa fue debida a un sonido sordo, de rotura de barro, procedente del interior. Llamó a sus compañeros de pastoreo, Jalil Musa y Muhammed Ahmed el-Jamed –alias ed-Dhib (el lobo)-, todos ellos de la tribu beduina llamada Ta´âmireh. Como caía la noche, y a la mañana siguiente tenían que salir para Ain Fesna para abrevar a los animales, se quedaron a dormir para explorarlas un poco a la vuelta, un par de días
después. Pero ed-Dhib decidió explorar por su cuenta un poco antes del amanecer, mientras sus compañeros dormían 1.


Ed-Dhib se coló por el agujero y se adentró en la gruta. Encontró, alineadas contra la pared, diez tinajas de barro. En dos de ellas había dos envoltorios y un amasijo de cuero sin enrollar 2 –probablemente El Comentario de Habacuc, la Regla de la Comunidad, y el rollo completo de Isaías-. Los otros se enfadaron con ed-Dhib y le dieron de lado, teniendo en cuenta que, además, era el más pequeño de los tres.


Los rollos durmieron unas semanas en el campamento de los Ta´âmireh, al sur de Belén, hasta que Yuma y Jalil los ofrecen, junto con las tinajas, en marzo de 1947, a un anticuario de Belén llamado Ibrahim Iya. Éste se los mostró a un colega llamado Faidi Salahi. Al no obtener venta Yuma le retira los manuscritos, aunque le deja las tinajas, y los muestra a un conocido suyo, cristiano sirio ortodoxo, de nombre George Ishayá Shamún. En la conversación se inmiscuye un jerarca de la tribu Ta´âmireh llamado Alí Sub que propone enseñárselo a un anticuario llamado Jalil Iskander Shajín –de sobrenombre Kando-. Éste aceptó vender los rollos llevándose una comisión del tercio de venta. El sirio cristiano informó al abad del convento de San Marcos de Jerusalén, Athanasius Yeshua Samuel, metropolitano o cabeza de la Iglesia Jacobita siria en Palestina 3.


Poco después, sobre mayo o junio, los beduinos llevan a Ishayá a las cuevas, aunque no sacan nada de ellas. Vuelven de nuevo, unas semanas después, y cavando someramente en el piso de la cueva, encuentran otros cuatro manuscritos 4 –otro ejemplar de Isaías, los Himnos de Alabanza y Gratitud, La Guerra de los Hijos de la Luz contra Los Hijos de las Tinieblas, y el Apócrifo del Génesis, también llamado Rollo de Lamec, por una inscripción que aparecía en su exterior- los cuales llevan a Kando 5. Pero éste, al ver difícil su venta, sólo se queda con uno –probablemente el Apócrifo del Génesis- 6.


Ya a finales de junio, Yuma y Jalil venden los otros tres manuscritos que aún poseían a Faidi Salahi, junto con dos tinajas, por 28.35 $ por manuscrito y 0.8 $ por tinaja.
A mediados de julio 7, tras conseguir una cita, los dos beduinos junto con Ishayá se dirigen al convento para tener una reunión con el metropolitano. Llegaron tarde y el conserje del convento no los espera, así que los despide con cierto desdén. Pasadas dos o tres semanas, Kando 8, por cuenta del metropolitano, compra a los beduinos los cuatro rollos por 97.20 $, quedándose para él la tercera parte 9. A partir de ese momento, algunos beduinos se interesarán por la localización de más rollos, transitando con tranquilidad por la zona de las cuevas, pues Palestina se encontraba inmersa en una fase de guerra civil entre judíos y árabes.


Samuel, convencido de la antigüedad de los rollos, inicia una serie de contactos para intentar validar esa conjetura. Empieza con un sirio ortodoxo llamado Esteban Jana Esteban, que los desprecia por falsificados. Otro que duda sobre su autenticidad es el padre Marmardyi, de la Escuela Bíblica de los Padres Dominicos de Jerusalén –École Biblique et Archéologique Française de Jérusalem, financiada por el gobierno galo-. De la misma institución, habla con el padre J. Van de Ploeg, quien reconoce el rollo de Isaías, pero les adjudica un nacimiento sobre la Edad Media. Otro miembro de la Escuela Bíblica, L. H. Vincent, también duda de la autenticidad de los manuscritos.


Durante el mes de agosto –según la obra de Baigent y Leigh, ver más arriba-, Samuel empareja a George Ishayá y un sacerdote de su monasterio y les encomienda la misión de acudir a Qumrán y excavar para encontrar más manuscritos. Realizan amplias excavaciones, casi siempre de noche –pues sus actividades son ilegales- y encuentran una tinaja más y fragmentos de rollos. La opinión de algunos entrevistados por los autores es que esta pareja de furtivos encontró varios rollos que nunca han sido vistos por especialistas.


Tras estas peripecias –sigo transcribiendo a Baigent y Leigh-, Samuel, a mediados de septiembre, lleva los rollos a su superior, el Patriarca de la Iglesia Jacobita Siria, residente en Hooms, al norte de Damasco. Tras esa reunión envía de nuevo a varios hombres a excavar a Qumrán (ver párrafo siguiente). En ese mes, la visita de Samuel a Hooms y Damasco coincide con la llegada a la capital Siria de un tal Miles Copeland, agente de la OSS, posterior CIA. En entrevista personal a los periodistas, éste les comenta que se le acercó un día un “egipcio” a la delegación y le propuso un “gran tesoro”, sacando de una bolsa unos rollos cuyos bordes se estaban desmenuzando. Copeland le propuso hacer fotografías y pasárselas a un especialista para que informase sobre ello, lo cual el vendedor aceptó. Copeland, con un par de ayudantes, sube a la azotea y extiende el manuscrito para fotografiarlo, sin impedir que la fuerte brisa se lleve varios fragmentos a la calle.

 

Sacaron treinta fotografías, sin completar el rollo. Consultó con un funcionario de la embajada, experto en idiomas de oriente medio, y la conclusión fue que se trataba del Libro de Daniel, escrito parte en arameo y parte en hebreo. El “vendedor egipcio” no volvió a aparecer y las fotos quedaron en un cajón. Nunca más se supo ni de las fotos, ni del correspondiente rollo. El tal Copeland propuso a los autores intercambiar datos sobre manuscritos que no han visto aún la luz 10.


Convencido aún de la autenticidad y antigüedad, Samuel decide consultar con expertos judíos. Por medio de contactos solicita a Judá L. Magnes, presidente de la Universidad Hebrea, que le ponga en contacto con un especialista. Les envió a dos bibliotecarios que opinaron sobre un origen samaritano de los rollos, y recomendaron remitirlos a alguien más especializado. Por ausencia del metropolitano durante el mes de septiembre, no contactó con Tobías Wechsler, especialista en antigúedades judías, hasta principios de octubre, el cual dictaminó poca antigüedad pero indicó que, si de verdad tenían dos mil años, como Samuel pensaba, tendrían un valor incalculable.


Por esas fechas consulta también con un anticuario judío, de nombre Sasun, que recomienda enviar pedazos a especialistas en Europa, pero Samuel se niega. Sasun le ofrece entonces 405.00 $, la mejor oferta hasta el momento.


El 23 de noviembre, un tal Oján, anticuario judío 11, contacta con Eleazar L. Sukenik, profesor de arqueología de la Universidad Hebrea. Como sus zonas de residencia estaban separadas por una alambrada instalada por la autoridad británica y no se podía atravesar sin un pase especial, del que carecían, se entrevistan en la puerta, enseñándole el anticuario un trozo de un rollo de cuero, pudiendo apreciar Sukenik unas letras hebreas antiguas. Tras una serie de peripecias y aventuras, entre las que se cuenta el conseguir los pases, Sukenik se entrevista con el anticuario en Belén, el 28 de noviembre de 1947 12, tal como lo ha descrito su hijo Yigael Yadín –Los Rollos del Mar Muerto, Editorial Israel, Buenos Aires, Argentina, 1959- utilizando el diario de su padre como fuente.

 

Es el primero en apreciar, por la antigua escritura hebrea que en los rollos aparece, su verdadera antigüedad. También supone que habrá otros en las
mismas cuevas. Permanece dudoso sobre si adquirirlos, cuando a la media noche de ese día su hijo Mati le comunica la resolución de la ONU por la que se creaba el estado de Israel, libre e independiente. Decide comprarlos y se hace con los tres rollos de Salahi: “Tiemblo al pensar en ellos, puede ser uno de los grandes descubrimientos del país, un dscubrimiento que nunca hubiéramos podido soñar”, escribiría Sukenik en su diario. Yadín, por entonces militante de la Haganá –resistencia armada que evolucionaría después en las Fuerzas de Defensa israelíes- encuentra un sentido simbólico y místico en toda la aventura, pues entiende que los rollos han sido ocultados en la destrucción del estado de Israel y han aparecido en el momento de su renacimiento 13.


No se sabe por qué contactos, Samuel se pone en comunicación con Sukenik a principios de 1948, valiéndose de Antón Kiraz, un cristiano sirio ortodoxo, conocido de ambos. Se entrevistaron poco después en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), donde el bibliotecario era miembro de la congregación del metropolitano. Sukenik tuvo que obtener un pase del jefe de distrito británico, el profesor Biran. A Sukenik le pareció que eran similares a los otros y solicitó llevárselos a casa para un examen más detenido. Intentaba enseñárselo a personas que proporcionaran el dinero para adquirirlos. Tuvo que devolverlos el 6 de febrero al mediador en el mismo sitio. Quedaron en verse con el metropolitano y el presidente de la Universidad Hebrea, Dr. Magnes, en el consulado yugoslavo, una semana después, pero pasaron las semanas y Sukenik recibe una carta en la que se le informa de que Samuel ha decidido no vender.

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6 Replies to “Los manuscritos del mar muerto”

  1. Pedro

    los manuscritos del mar muerto
    Un libro describe tiempos que han pasado y de mucha reflexión. Gracias

  2. virginia

    el mar de los muertos
    🙂 quiero saber quien es el autor y si el libro está completo. Muchas gracias por su amabilidad. .el libro me gustó

  3. Faustino Oscar

    Exelente información sobre el hallasgo de los libro muy recomendable gracias por los conocimientos.TINO

  4. Faustino Oscar

    exelente libro con total información sobre tan importante hallasgo mejora mis conocimientos

  5. aldo de la cruz

    el mar muerto
    los felicitos poe esta pajina sta interesante es un buen libro m gustaria que me sigan mandando libros de este tipo en especial todos los de caballo de troya y uno k c yama el homnbre k se combirtio en jesuscristo los felicito mucho me gusta la pagina 😛 😛