La búsqueda del Grial 2 – La caverna del Dragón

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La Caverna del Dragón es el segundo libro de «La búsqueda del Grial», un tipo diferente de misterio en el que tú te conviertes en el héroe de emocionan¬tes aventuras.
El fabuloso Reino de Avalon se halla aterrorizado por monstruosos dragones, terribles hechiceros y el mal en sus formas más repugnantes. Los Caballeros de la Tabla Redonda parten de la corte del Rey Arturo en Camelot para acometer pruebas de su valor, pero tú has sido elegido para llevar a cabo la más peligrosa de todas las misiones.
En esta aventura tu tarea consiste en buscar y matar a un enorme dragón que campa por todo el país, provocando una gran destrucción y una terrible mortandad. Pero tu senda rebosa de trampas traicioneras y de diabólicos seres con los que debes combatir y a los que has de matar antes de que ellos te aniquilen. Cada página contiene retos y opciones nuevos y los caminos que sigas y las batallas que libres decidirán si triunfas en tu empeño o si morirás en el antro del dragón.
Para abrirte paso a lo largo de este libro de juego de fantasía necesitarás dos dados, un lápiz y una goma de borrar. En el Diario de la Aventura que aparece al comienzo del libro anotarás los progresos realizados. Al final del libro encontrarás las reglas de combate. Puedes cortar esta hoja si deseas tenerla siempre a mano para consultarla.
 

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MERLIN
¡Eh, eh! ¿Hay alguien ahí? ¿Puedes oírme? ¿Puedes leerme?
Estoy hablando por una concha marina. Una caracola, para ser exacto. Cuatro caballeros y un macero piensan que estoy chiflado pero es que no saben nada de magia. No. Pues claro que no. Cuando uno es un hechicero, y tal es mi caso, puede emplear una caracola como si fuera un teléfono (lo que viene muy bien, puesto que en mi tiempo aún no se han inventado los teléfonos).


¡Eh! ¿Hay alguien al otro extremo de mi caracola? Aquí llamando desde Camelot. ¿Me oyes? Tú, sí. ¡TU! Ese que está ahí sentado leyendo el libro de «La búsqueda del Grial». Ese libro forma parte de mi magia. Sí, naturalmente. Y una parte muy importante.
Estás leyendo un SORTILEGIO. ¿Lo sabías? Lo escribí yo y lo envié a través del tiempo bajo la forma de un libro. Es un verdadero sortilegio. Capta tu mente cuando lees el libro. La atrapa como si fuera un pez cogido en una red. Al menos eso espero. Luego recojo la red y lo primero que adviertes es que te encuentras en mi tiempo. Tu mente, claro, porque tu cuerpo se queda más o menos en donde estaba.


Te gustaría visitar mi tiempo, ¿verdad? Está lleno de cosas interesantes. Caballeros, escuderos, justas, aventuras. Ese género de cosas. Es el tiempo del Rey Arturo, el tiempo de Camelot y de la Mesa Redonda. O de la Tabla Redonda, como la gente insiste erróneamente en llamarla.


Quiero que visites mi tiempo. Necesito que visites mi tiempo: hay cierto problema con los dragones, que tú solucionarás en un abrir y cerrar de ojos. Te será fácil visitar esta época. Basta con que sigas leyendo este libro; eso es todo lo que tienes que hacer. Pasa unas cuantas páginas y el sortilegio empezará a tener efecto. No es demasiado difícil, ¿verdad?


Casi se me olvidaba. Cuando llegues descubrirás que te has convertido en Pip , hijo adoptivo de un hombre libre, el granjero John, y de su esposa Miriam o Mary. Recientemente Pip ha estado llevando una vida bastante tranquila, pero todo eso se encuentra a punto de cambiar.


Tendrás que llevar dados contigo. Unos dados corrientes, de seis caras, a ser posible con sus puntitos correspondientes. Uno al menos, aunque mejor serían dos. También necesitarás un papel, algo con que escribir y una goma de borrar. Ese es el equipo que precisarás para empezar. Vete y recógelo antes de hacer ninguna otra cosa. Entonces podrás comenzar.
 
LA AMENAZA CONTRA AVALON
 
Siempre hay dificultades cuando llueve en agosto. Sobre todo las dos primeras semanas. Los más viejos levantan la vista hacia el plomizo cielo y murmuran hoscamente:
–Cuando llueve en la primera semana de agosto es que nos aguardan desgracias el año próximo.


Y cualquiera que los escucha se siente tentado a completar el viejo dicho:
–Y si la lluvia prosigue desaparece toda esperanza de una época de paz.
Bien, el año anterior había llovido la primera semana de agosto. Y la segunda. Y la tercera. Y la cuarta. En realidad siguió lloviendo hasta bien entrado septiembre. Para entonces todo el mundo estaba ya harto de oír murmurar hoscamente a los viejos. Todo el mundo se sentía además muy nervioso. Un húmedo comienzo de agosto significaba una buena temporada para la cría de dragones, que a su vez significaba una plaga de exhaladores de fuego cuando llegaran a la madurez al año siguiente.

 

Como es natural, los caballeros de la Tabla Redonda cumplirían con su deber matando esos bichos, pero cuando se producía una buena temporada de cría nunca había caballeros suficientes para la tarea. Así que los dragones campaban por sus respetos, prendiendo fuego a los tejados, devorando el ganado, aterrorizando a las aldeas y llevándose doncellas.
 
El rayo fulminó el viejo roble de los druidas.

Pero aquello no fue todo. En el pasado agosto –el agosto del que hablamos– había habido presagios además de la lluvia. Por lo menos los viejos afirmaban que se trataba de presagios. El rayo fulminó dos veces seguidas durante una tormenta especialmente violenta el roble de los druidas en las tierras comunales de Glastonbury.
–Todo el mundo sabe que el rayo no cae dos veces en el mismo lugar –murmuraban hoscamente los viejos–. Eso tiene que ser un presagio.


Luego se produjo el incidente del sepulturero que consiguió enterrarse a sí mismo en una tumba recién abierta. Cuando llegó hasta allí el cortejo fúnebre, no había agujero en donde depositar el féretro, sino tan sólo una pequeña depresión por la que asomaba tierra suelta. Debajo se hallaba el infortunado sepulturero, para entonces tan muerto como sus antiguos clientes. La investigación resolvió que se trataba de un accidente, un corrimiento de tierras producido por las lluvias. Pero los viejos distaron de sentirse satisfechos.


–El viejo Silas jamás habría cometido un error como ése –murmuraron hoscamente refiriéndose al difunto sepulturero–. Eso tiene que ser un presagio.
Y así continuó aquel lluvioso mes de agosto. Un terrible pedrisco abrió un profundo surco en el prado del granjero Gabriel y mató a cinco de sus ovejas. En el establo que proporcionaba leche a los monjes de la abadía nació una ternera con dos cabezas. El halcón favorito del Rey Arturo consiguió soltarse de su cadena y voló hacia el sur sin que nadie más volviera a verlo.


Y por esta vez los viejos tuvieron razón. El año siguiente fue verdaderamente pavoroso. Por todo el Reino bullían jóvenes y fuertes dragones con tanta celeridad como mataban a los dragones mayores los atareados caballeros. Pero esto no era lo peor. La plaga de dragones podía explicarse fácilmente por la excelente temporada de cría proporcionada por las lluvias de agosto. Los presagios apuntaban hacia algo más. Los viejos aguardaban con paciencia, asintiendo hoscamente con la cabeza cada vez que llegaba la noticia de otra fechoría de un dragón.


–Aún no ha llegado lo peor –decían–. Ni muchísimo menos.
Lo peor sobrevino en junio, en un día sin nubes que prometía un largo y seco verano. En la mañana de aquel día un carruaje blasonado con insignias eclesiásticas llegó sonoramente ante las puertas de Camelot con un apresuramiento muy poco eclesiástico. Del vehículo descendió un rollizo mensajero de su Eminencia el Arzobispo de Canterbury y pidió ser inmediatamente recibido por el Rey. Como es lógico, fue introducido al instante, y a pesar de su tendencia a la pompa consiguió captar la atención del Rey Arturo tan pronto como pronunció las primeras palabras. Y aquellas palabras fueron: «Majestad, un dragón de bronce ha escapado del Infierno.»


Pero desde luego esto no resultaba exactamente cierto. Los dragones de bronce eran muy raros en Avalon, como en cualquier otro lugar, y existía una controversia considerable acerca de sus orígenes. Los eclesiásticos creían por lo general que se criaban en el mismo Infierno y así lo decían dogmáticamente cada vez que salía a colación el asunto. Pero los orígenes infernales de los dragones de bronce nunca habían sido satisfactoriamente demostrados y abundaban los que opinaban que aquellas bestias procedían de algún otro lugar. Lo cierto era que nadie se sentía por completo seguro al respecto (ni siquiera los viejos que creían conocerlo todo). Lo que desde luego todo el mundo sabía era que los dragones de bronce constituían muy malas noticias.
Quizás no esté de más decir aquí algo acerca de los dragones, puesto que no todo el mundo se halla familiarizado con estos seres. 

13 comentarios en “La búsqueda del Grial 2 – La caverna del Dragón”

  1. la busqueda del grial 2 la caverna del dragon
    Interesante el tema interesante el juego no he tenido oportunidad de leer el grial primitivo ya lo conseguiré gracias lo recomiendo

  2. La busqueda del grial (La caverna del dragon)
    Lo que e leido me parece buenicimo pero me gustaria sabeer como empieza.por todo lo demas GRACIAS. 😉

Los comentarios están cerrados.

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