Llanto de Venus en la muerte de Adonis


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Lee las primeras páginas del  libro online

Adonis fue hijo de Cínaras, rey de los cipros, habido

incestuosamente en su hija Mirra, cual dice Ovidio en el décimo de

sus Transformaciones. Siendo Adonis mancebo de mucha gentileza, se

enamoró dél la diosa Venus, de la cual el dios Marte estaba

aficionado, y conociendo que por los amores de Adonis era

desfavorecido y menospreciado de la diosa Venus, se transformó en un

jabalí, y andando Adonis cazando cual tenía de costumbre en el monte

Idalio, le salió el jabalí en que Marte se había transformado y le

dio una herida en la ingle de la cual Adonis murió luego. Viendo la

Diosa Venus muerto a su querido, con triste llanto conmovió a

Júpiter y a los demás dioses a bajar a consolar a Venus, que después

de muchas lágrimas lo volvió en una flor roja llamada anémone.

Llanto de Venus en la muerte de Adonis

El llanto acerbo y muerte dolorosa,

el sentimiento triste y desventura,

las congojas del alma temerosa

y el joven en injusta sepoltura;

la hija del gran Jove poderosa

que en flor volvió la forma y hermosura

de su querido y deseado amante,

me inspira Apolo que en su lira os cante.

Si vuestro ingenio alto y ecelente

admitiere mi canto doloroso

y el llanto de la diosa más potente

que habita el cielo de inmortal reposo,

verá bajar a Jove presidente

del celeste consilio poderoso

a Neptuno dejar cetro y gobierno,

y al dios tartáreo del horrible Infierno.

Con ese claro nombre que engrandesce

a nuestra Iberia, patria esclarecida,

por quien su inmortal gloria resplandesce

en la dorada edad restituida,

favoreced la Musa, que os ofresce

lo que puede, y va a ser favorecida

de vos, dándole el paso a la alta cumbre

del que los orbes dora con su lumbre.

Oh luz sidérea, honor del rico ocaso,

a quien rodea la encendida zona,

sacro retor del coro de Parnaso,

poseedor de Hipocrene y Helicona

no me falte tu amparo en este paso,

porque mi canto del amor pregona;

pierde la antigua enemistad, pues tienes

la venganza del caso que mantienes.

Si en fuego ardiente se abrasó tu pecho

por la hermosa hija de Peneo,

tú descubriste de su madre el lecho

manifestando su adulterio feo;

si a tu hija encendió en amor estrecho

del monstro fiero con bestial deseo

ahora a Venus puedes ver arderse

y sin remedio en llanto deshacerse.

Habiendo Venus ahincadamente

a su querido Adonis persuadido,

que perdiese el furor y el brío ardiente

que en perseguir las fieras ha tenido,

creyendo que en el ánimo valiente

puede el consejo a la ocasión venido,

así la diosa al joven persuadía

y mil graves peligros le ponía.

Determinada de partirse al cielo

entre sus brazos a su Adonis prende

y vuélvele a decir: «dulce consuelo,

por quien mi alma en vivo amor se enciende,

huye, y recela algún adverso duelo

y de seguir las fieras te defiende.

Mira que me fatiga un espantoso

estímulo, que turba mi reposo.

Todas las horas que al descanso obligan

éste y otros cuidados me desvelan,

éste y otros me turban y fatigan

y las entrañas de pavor me yelan;

no fuerza en mis dolores no mitigan

cuidando (ay, gloria) un mal que te recelan

las sombras portentosas que me espantan

y las horribles aves que me cantan.

Éste cesa, con sólo persuadirte Normal 0 21 false false false ES-CL X-NONE X-NONE

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Llanto de Venus en la muerte de Adonis

Juan de la Cueva

Argumento

Adonis fue hijo de Cínaras, rey de los cipros, habido

incestuosamente en su hija Mirra, cual dice Ovidio en el décimo de

sus Transformaciones. Siendo Adonis mancebo de mucha gentileza, se

enamoró dél la diosa Venus, de la cual el dios Marte estaba

aficionado, y conociendo que por los amores de Adonis era

desfavorecido y menospreciado de la diosa Venus, se transformó en un

jabalí, y andando Adonis cazando cual tenía de costumbre en el monte

Idalio, le salió el jabalí en que Marte se había transformado y le

dio una herida en la ingle de la cual Adonis murió luego. Viendo la

Diosa Venus muerto a su querido, con triste llanto conmovió a

Júpiter y a los demás dioses a bajar a consolar a Venus, que después

de muchas lágrimas lo volvió en una flor roja llamada anémone.

Llanto de Venus en la muerte de Adonis

El llanto acerbo y muerte dolorosa,

el sentimiento triste y desventura,

las congojas del alma temerosa

y el joven en injusta sepoltura;

la hija del gran Jove poderosa

que en flor volvió la forma y hermosura

de su querido y deseado amante,

me inspira Apolo que en su lira os cante.

Si vuestro ingenio alto y ecelente

admitiere mi canto doloroso

y el llanto de la diosa más potente

que habita el cielo de inmortal reposo,

verá bajar a Jove presidente

del celeste consilio poderoso

a Neptuno dejar cetro y gobierno,

y al dios tartáreo del horrible Infierno.

Con ese claro nombre que engrandesce

a nuestra Iberia, patria esclarecida,

por quien su inmortal gloria resplandesce

en la dorada edad restituida,

favoreced la Musa, que os ofresce

lo que puede, y va a ser favorecida

de vos, dándole el paso a la alta cumbre

del que los orbes dora con su lumbre.

Oh luz sidérea, honor del rico ocaso,

a quien rodea la encendida zona,

sacro retor del coro de Parnaso,

poseedor de Hipocrene y Helicona

no me falte tu amparo en este paso,

porque mi canto del amor pregona;

pierde la antigua enemistad, pues tienes

la venganza del caso que mantienes.

Si en fuego ardiente se abrasó tu pecho

por la hermosa hija de Peneo,

tú descubriste de su madre el lecho

manifestando su adulterio feo;

si a tu hija encendió en amor estrecho

del monstro fiero con bestial deseo

ahora a Venus puedes ver arderse

y sin remedio en llanto deshacerse.

Habiendo Venus ahincadamente

a su querido Adonis persuadido,

que perdiese el furor y el brío ardiente

que en perseguir las fieras ha tenido,

creyendo que en el ánimo valiente

puede el consejo a la ocasión venido,

así la diosa al joven persuadía

y mil graves peligros le ponía.

Determinada de partirse al cielo

entre sus brazos a su Adonis prende

y vuélvele a decir: «dulce consuelo,

por quien mi alma en vivo amor se enciende,

huye, y recela algún adverso duelo

y de seguir las fieras te defiende.

Mira que me fatiga un espantoso

estímulo, que turba mi reposo.

Todas las horas que al descanso obligan

éste y otros cuidados me desvelan,

éste y otros me turban y fatigan

y las entrañas de pavor me yelan;

no fuerza en mis dolores no mitigan

cuidando (ay, gloria) un mal que te recelan

las sombras portentosas que me espantan

y las horribles aves que me cantan.

Éste cesa, con sólo persuadirte

 

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