Astrologia Esotérica

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MIS primeras palabras sobre este tema serán de índole entera¬mente preliminar. Trataré de sentar las bases para encarar, en forma algo distinta -y bastante más esotérica- la ciencia de la astrología. Me referiré a algunas cosas que probablemente podrán ser calificadas por los astrólogos académicos y sin inspiración, como revolucionarias y erróneas, improbables o indemos¬trables. Sin embargo, la astrología no ha demostrado todavía realmente su valor al mundo del pensamiento y de la ciencia, a pesar de los muchos éxitos definidamente demostrables. Por lo tanto, pediré a quienes leen y estudian esta parte del Tratado sobre los Siete Rayos, que tengan en cuenta el comentario anterior y estén dispuestos a considerarlo como hipótesis, esforzándose por analizar la teoría o sugerencia, y por comprobar las conclusiones a que se ha llegado en pocos años. Si pueden hacerlo, sobrevendrá un despertar de la intuición que convertirá a la astrología moderna en algo de mucha importancia y significación para el mundo. La astrología intuitiva reemplazará eventualmente a lo que hoy se llama astrología, retornando de este modo al conocimiento de esa antigua ciencia que relacionó las constelaciones y nuestro sis¬tema solar, atrajo la atención sobre la naturaleza del zodíaco e informó a la humanidad sobre las interrelaciones básicas que rigen y controlan los mundos fenoménico y subjetivo.

1. Tres Afirmaciones Básicas.

La afirmación hecha frecuentemente de que la astrología es una ciencia exacta, a pesar de las muchas computaciones matemá¬ticas, está lejos de serlo. Lo curioso es que está basada en la ilu¬sión, y como bien saben, el zodíaco sólo es el recorrido imaginario del sol a través de los cielos, desde el punto de vista de nuestro insignificante planeta. El sol no está en ningún signo del zodíaco, sino simplemente parece estarlo al pasar entre nuestra pequeña esfera -la Tierra- y las constelaciones, en cualquier estación o tiempo determinado.

Antiguamente se creía que la Tierra era el centro del sistema solar, y que alrededor de ella giraban el sol y los demás planetas. Ésta era la posición y conocimiento exotérico, no la comprensión esotérica. Posteriormente, cuando nuevos descubrimientos trajeron mayor luz a la mente humana, nuestro planeta fue descentralizado y la verdad fue vista con mayor claridad, aunque todavía queda mucho por descubrir, lo cual podría ser hasta de naturaleza revo-lucionaria. Desde ciertos ángulos astrológicos debe tener lugar un proceso similar de descentralización y el sistema solar ya no debe considerarse un punto alrededor del cual gira el zodíaco, o a través del cual el sol pasa durante su gran ciclo de aproximada¬mente 25.000 años. Los astrólogos que poseen visión interna podrán negar que ésta sea la actitud comúnmente adoptada, sin embargo -a fin de esclarecerla y en conexión con el público en general- la inferencia es permitida y aceptada por los ignorantes. Sobre esta teoría, concerniente al zodíaco, se apoya am¬pliamente lo que denominamos la Gran Ilusión. Quisiera que recuerden esto al estudiar juntos las nuevas formas de encarar la más grande y antigua de todas las ciencias. La astrología es una ciencia que debe volver a su original belleza y verdad, para que el mundo pueda obtener una perspectiva más veraz y una apreciación más justa y exacta del Plan divino, tal como es expresado en la actualidad por medio de la Sabiduría de las Edades.

La segunda afirmación que quisiera hacer es que en la actualidad la astrología es esencialmente la más pura presenta¬ción de la verdad esotérica en el mundo, porque es la ciencia que trata de las fuerzas y energías que condicionan, rigen y actúan a través del espacio, y sobre él y todo lo que en éste se encuentra. Cuando sea captado este hecho, cuando el origen de esas energías sea mejor comprendido y la naturaleza del espacio correctamente captada, tendremos un horizonte más amplio y más íntimamente relacionado; las relaciones entre entidades indivi-duales y planetarias, del sistema y del cosmos, serán entonces conocidas y comenzaremos a vivir científicamente, vivir científico que es el propósito inmediato de la astrología.

Aquél que cree actualmente en la astrología adopta por lo común la posición de que él es un individuo importante -por lo menos para él-, que vive sobre ese importante planeta, la Tierra (importante para la humanidad), y que por medio de la astrología puede descubrir su destino y saber lo que debe hacer.

 No me refiero en este comentario a esos pocos astrólogos que poseen un verdadero conocimiento esotérico, siendo en realidad muy pocos, y sólo un puñado de ellos lo practican actualmente. Al investigador moderno le agrada creer que sobre y a través de él hacen impacto y fluyen esas energías que provienen del signo en el cual está el sol en el momento de su nacimiento: considera que él responde a las fuerzas de los distintos planetas, a medida que rigen las casas de su horóscopo, y cree que las tendencias y circunstancias de su vida están determinadas así. Esto le hace creer que él es un factor importante aislado. Las interpretaciones modernas no recalcan la importancia del signo naciente (el ascendente), lo cual se debe a que muy pocos están preparados para actuar como almas y tampoco tienen en cuenta las energías que actúan constantemente sobre nuestro planeta, procedentes de otras constelaciones o de muchos planeas “ocultos”. En la Sabi¬duría Eterna se dice que existen alrededor de setenta de estos planetas en nuestro sistema solar.

Quisiera presentar un cuadro más verdadero y exacto. Esto es posible ahora porque la percepción, la relación y la integridad grupales, comienzan a ocupar un lugar prominente en la con¬ciencia humana. A medida que esto sucede, la personalidad, que es individualista, separatista y autocentrada, retrocederá acrecentadamente a segundo término, y el alma que posee conciencia grupal y es incluyente y no separatista, irá destacándose cada vez más. En consecuencia, desaparecerá gradualmente el interés por el horóscopo individual, y el cuadro planetario universal y del sistema ocupará un lugar prominente en la conciencia del indi¬viduo. El hombre se considerará a sí mismo como parte integrante de un todo mucho más importante, y se interesará más por el grupo mundial, que de sí mismo, como individuo.

Por lo tanto no me ocuparé del tema de la astrología esoté¬rica desde el punto de vista del horóscopo. Las relaciones univer¬sales, la interacción de energías, la naturaleza de lo que se halla detrás de la Gran Ilusión, la engañosa “apariencia de las cosas tal como son” y el destino de nuestro planeta, de los reinos de la naturaleza y de la humanidad como un todo, constituyen las partes más importantes de nuestro tema.

No me preocupa si los astrólogos modernos aceptan o recha¬zan las ideas que expongo. Trataré de presentarles ciertos hechos tal como los reconoce la Jerarquía e indicarles, si puedo, las realidades subjetivas, de las cuales la ilusión externa es sólo la apariencia fenoménica, condicionada por los pensamientos del hombre a través de las épocas; recalcaré la realidad de la vivencia de las Fuentes de las cuales fluyen y emanan todas las fuerzas y energías que actúan en nuestro planeta. Ante todo me esforzaré por demostrarles esa unidad omnipenetrante y esa síntesis sub¬yacente, base de todas las religiones y de las innumerables fuerzas trasmitidas, y trataré de apartarlos, como individuos, del centro de su propio escenario y conciencia -sin privarlos de su propia individualidad e identidad- y sin embargo les demostraré que son parte de un todo mayor, que podrán percibirlo conscien¬temente cuando puedan actuar como almas, de lo cual hoy son inconscientes o sólo registran y sienten la realidad interna en la cual viven, se mueven y tienen su ser.

Esto me lleva a la tercera afirmación, la cual es tan básica y fundamental que les pediría se detengan a considerarla, aunque no capten plenamente todas sus implicaciones. La Sabiduría Antigua enseña que “el espacio es una entidad”. La astrología esotérica se ocupa de la vida de esta entidad y de las fuerzas y energías, los impulsos y los ritmos, los ciclos, el tiempo y las estaciones. Esto lo afirmó H.P.B. en La Doctrina Secreta. Recuer¬den que existe una clave astrológica para La Doctrina Secreta, la cual no puede todavía ser revelada en su totalidad. Sin embargo, puedo insinuarles y sugerirles algunas líneas de acercamiento que, si se mantienen en la conciencia de los astrólogos iluminados, permitirá que algunos de ellos, en fecha posterior, descubran la llave que -haciéndola girar en bien de la humanidad- revelará el cuarto gran fundamento de la Sabiduría Eterna, de los cuales tres ya han sido dados en el proemio de La Doctrina Secreta.

El espacio es una entidad y la “bóveda celeste” -como poéti¬camente se la denomina- es la apariencia fenoménica de esa entidad. Observarán que no digo apariencia material, sino feno-ménica. Conjeturar sobre la naturaleza, la historia y la identidad de esa entidad, sería inútil y de ningún valor. Tendremos una idea vaga, que proporcionará una analogía, aunque eluda las especificaciones, si nos esforzamos por considerar a la familia humana, el cuarto reino de la naturaleza, como una entidad que forma una sola unidad y se expresa a través de las innumerables y diversificadas formas del hombre. Cada uno de ustedes, como individuos, son parte integrante de la humanidad, no obstante cada uno lleva su propia vida, reacciona a sus propias impresio¬nes, responde a las influencias e impactos externos, y a su vez emana influencias, envía irradiaciones temperamentales y expre¬sa alguna cualidad o cualidades, afectando así, en cierta medida, a su medio ambiente y a aquellos con quienes entran en contacto. Sin embargo, durante todo el tiempo, forman parte de la entidad fenoménica denominada humanidad. Podríamos ampliar esta idea hasta abarcar una entidad fenoménica mayor, el sistema solar. Esta entidad es en sí misma parte integrante de una vida aún mayor, la cual se expresa a través de siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno. Si pueden captar esta idea surgirá en la conciencia una vaga imagen de una gran verdad esotérica subyacente. Consideraremos brevemente la vida y las influencias, las radiaciones y emanaciones de esta entidad y el efecto unido que producen sobre nuestra vida planetaria, en los reinos de la naturaleza y en las civilizaciones humanas en desarrollo.

El tema es tan vasto, que he tenido que afrontar el problema de descubrir la mejor manera de tratarlo, decidiéndome por la brevedad y afirmación concisa de los hechos (hechos para los que trabajamos en el aspecto interno de la vida, pero razonable¬mente sólo hipótesis para ustedes), eludiendo el análisis detallado y los pormenores. Me esforzaré por hacerlo de lo universal a lo particular y de lo general a lo específico, pero siempre acentuando lo universal y lo general y no lo particular y específico. De los estudiantes de astrología dependerá la debida aplicación de la verdad a lo específico, pues en este aspecto es donde ha errado la astrología moderna, invirtiendo el procedimiento correcto y verdadero, poniendo el énfasis sobre lo específico y particular, el horóscopo personal y el destino individual y no sobre las gran¬des energías y sus Fuentes, las cuales son finalmente responsables de la manifestación de lo específico. Esta posición y presentación de la verdad debe ser alterada.

Por lo tanto, la astrología esotérica trata de la Vida y las Vidas, que animan los “puntos de luz” dentro de la Vida uni¬versal. Constelaciones, sistemas solares, planetas, reinos de la naturaleza y el hombre microscópico, son el resultado de la actividad y la manifestación de la energía de ciertas Vidas, cuyos ciclos de expresión y sus infinitos propósitos, están fuera de la comprensión de las mentes más avanzadas e iluminadas de nues¬tro planeta.

El próximo punto que deben captar, es que el éter del espacio constituye el campo en y a través del cual actúan las energías que provienen de innumerables Fuentes de origen. Por lo tanto, estamos relacionados con el cuerpo etérico del planeta, del sistema solar y de los siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno, y con el vasto y general cuerpo etérico del universo en el cual estamos localizados. Empleo deliberadamente la palabra “localizados” por las inferencias que puede tener. Este amplio campo como también los más reducidos y conocidos, proporcionan el medio de trasmitir las energías que actúan sobre y a través de nuestro sistema solar, esferas planetarias y todas las formas de vida que existen en esas esferas. Forma un ininterrumpido campo de actividad en constante e incesante movimiento -medio eterno para el intercambio y transmisión de energías.

En conexión con esto y a fin de comprenderlo mejor será útil estudiar al hombre individual. De esta manera podemos obtener una tenue comprensión de la verdad básica y subyacente. Los estudiantes deben recordar siempre que la Ley de Analogía es un medio de interpretación. El esoterismo enseña -y la ciencia moderno está llegando a la misma conclusión- que subyacente en el cuerpo físico y en su complejo e intrincado sistema de ner¬vios, existe un cuerpo vital o etérico, contraparte y verdadera forma del aspecto fenoménico externo y tangible, siendo análoga¬mente el medio para transmitir fuerza a todas las partes de la estructura humana y el agente de la conciencia y de la vida que mora internamente. Determina y condiciona al cuerpo físico, pues constituye en sí el receptáculo y el transmisor de energía prove¬niente de los diversos aspectos subjetivos del hombre y también del medio ambiente en el cual vive el hombre interno y el externo.

Agregaré aquí otros dos puntos. Primero: el cuerpo etérico individual no es un vehículo humano aislado y separado, sino que en forma curiosa es parte integrante del cuerpo etérico de esa entidad que denominamos familia humana. Este reino de la naturaleza, por medio de su cuerpo etérico, forma parte inte¬grante del cuerpo etérico planetario, que no está separado de los cuerpos etéricos de otros planetas, sino todos ellos conjuntamente con el cuerpo etérico del sol, constituyen el cuerpo etérico del sistema solar, que está relacionado con los cuerpos etéricos de los seis sistemas solares, los cuales forman con el nuestro una unidad cósmica, afluyendo a ellos energías y fuerzas de ciertas grandes constelaciones. El espacio es etérico en su naturaleza, y su cuerpo vital está compuesto de la totalidad de los cuerpos etéricos de todas las constelaciones, sistemas solares y planetas que se encuentran en él. En todas partes de esta áurea red cós¬mica circulan constantemente energías y fuerzas, constituyendo la base científica de las teorías astrológicas. Así como las fuerzas del planeta y del hombre espiritual interno (para mencionar sólo un factor entre muchos) fluyen en el plano físico a través del cuerpo etérico del hombre individual y condicionan su expresión externa, actividad y cualidades, así también las variadas fuerzas del universo fluyen a través de cada parte del cuerpo etérico de esa entidad que llamamos espacio, y condiciona y determina la expresión externa, las actividades y las cualidades de cada una de las formas que se hallan dentro de la periferia cósmica.

Segundo, en el cuerpo etérico humano hay siete centros principales de fuerza, agentes distribuidores y acumuladores de electricidad, que proporcionan al hombre fuerza dinámica y energía cualitativa, produciendo efectos definidos sobre su mani¬festación física externa.

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