El mito de la globalizacion capitalista

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EL MITO DE LA
GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA

Socialismo o Barbarie

 INTRODUCCIÓN


La “economía-mundo” capitalista
En 1974, Immanuel Wallerstein revolucionó la
historiografía y la sociología histórica al dar a conocer
su tesis sobre la formación de la “economía-mundo”
capitalista. Enfrentando las ideas clásicas basadas en
el estudio de los fenómenos económico-sociales a partir
de sociedades nacionales o, cuanto más, de áreas
continentales o subcontinentales, el pensador estudió el
moderno sistema mundial a partir de la reconstrucción
de la historia de la actual sociedad capitalista,
partiendo desde sus mismos orígenes, desde una
perspectiva global.
Siguiendo la huella de Marx, Wallerstein considera
como válido el análisis de los sistemas mundiales, y
cree que deben dejarse de lado las conceptualizaciones
a partir de sistemas menores. Además, incorpora la
idea por la que, para que se estudie la cuestión del
carácter capitalista o no de una sociedad, debe
hacérselo desde el nivel de un sistema mundial.
Como esta teoría despertó la crítica de las cúpulas
académicas, Wallerstein, en el último cuarto de siglo,
ha dedicado varias obras y estudios a probar su tesis,
principalmente con los siguientes libros: El moderno
sistema mundial I. La agricultura capitalista y los
orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI;
El moderno sistema mundial II. El mercantilismo y la

consolidación de la economía-mundo europea, 1600-
1750 y El moderno sistema mundial III. La segunda
era de gran expansión de la economía-mundo
capitalista, 1730-1850.
En el primer volumen, que cubre el período 1450-1640,
el autor traza la aparición, en Europa, de lo que
denomina una “economía-mundo” capitalista, basada
en una única división internacional del trabajo; y es
esta economía-mundo la que constituiría el moderno
sistema mundial, cuya evolución se desplegaría hasta
convertirse en el único sistema del orden.
En el segundo volumen, sostiene que el moderno
sistema mundial toma la forma de una “economíamundo”
capitalista, que habría tenido su génesis en
Europa en el siglo XVI, implicando la transformación
de un modo de producción tributario o redistributivo
específico, el de la Europa feudal, en un sistema social
cualitativamente diferente.
Para Wallerstein y quienes seguimos sus líneas de
trabajo, desde esa época, la “economía-mundo”
capitalista se extendió geográficamente hasta abarcar
todo el globo y ha persistido en un modelo cíclico de
expansión y contracción y una localización geográfica
variable de los papeles económicos (el flujo y el reflujo
de las hegemonías, los movimientos ascendentes y
descendentes de los distintos centros, periferias y
semiperiferias). El proceso también ha sufrido una
transformación secular, incluyendo el avance
tecnológico, la industrialización, la proletarización y el

surgimiento de una resistencia y enfrentamiento
político estructurado al propio sistema que está aún en
marcha.
Desde esa perspectiva, el siglo XVII, entendido como el
período que va desde 1600 a 1750, aproximadamente,
es ante todo un ejemplo del modelo cíclico de expansión
y contracción. En lo que respecta a la geografía general
del sistema mundial, las fronteras creadas hacia 1500
no variaron de forma significativa hasta después de
1750. En cuanto a los procesos seculares de cambio,
para Wallerstein, no se observaría ningún salto
cualitativo entre 1600-1750. Habría existido una
continuidad esencial entre el siglo XVI y el XVII, con
una única gran diferencia de un desarrollo y un menor
desarrollo o contracción.
De esta manera, el sistema mundial tomó la forma de
una “economía-mundo” capitalista a partir de su
génesis en Europa en el siglo XVI al transformarse el
modo de producción tributario o redistributivo
específico, el de la Europa feudal, en un sistema social
cualitativamente diferente.
Desde entonces, la “economía-mundo” se ha extendido
geográficamente hasta abarcar todo el globo. En su
obra más reciente, Wallerstein llama “segunda era de
la gran expansión de la economía-mundo capitalista”,
de 1730 a 1850. En ésta se estudian la denominada
revolución industrial inglesa, la revolución de la
independencia norteamericana, la Revolución Francesa
y la independencia de los países sujetos a la entonces

corona española, en función del desarrollo de la
moderna economía burguesa.
Estos acontecimientos representaron un
fortalecimiento y una consolidación del sistema
capitalista mundial, en el que se suprimieron las
fuerzas populares y su potencial quedó constreñido a
las futuras transformaciones políticas. Recién en el
siglo XIX, esas fuerzas populares constituyeron una
nueva estrategia de lucha, principalmente con las dos
Comunas de París de 1848 y 1871, la aparición de la
crítica de Carlos Marx y Federico Engels y de sus
discípulos, y la fundación de las dos internacionales
obreras en 1864 y 1889. El siglo XX alumbró los
triunfos de las revoluciones de Rusia, en 1917 y de
China, en 1949.
El capitalismo ha llegado hoy a su apogeo, el de la
integración mundial, al decir de Silvio Frondizi,
“última etapa del imperialismo”. La “globalización”
actual —que abarca todo el mundo a través de la
completa internacionalización del capital financiero—
sin embargo desarrolla un modelo de economía
segmentada, como se verá en las páginas siguientes, en
donde las ondas de expansión y contracción económica
establecidas por Kondratieff, sufren fluctuaciones
contradictorias, que plantean nuevos interrogantes e
incitan a establecer renovados caminos de resistencia y
lucha revolucionaria.
Las páginas siguientes constituyen un Documento de
trabajo, abierto a nuevos aportes y actualizaciones.

Sirve de base, en la Fundación Juan B. Justo de
Buenos Aires, para el programa de actualización
doctrinaria. Por sobre todo, se desea suministrar
material para la construcción de un nuevo pensamiento
socialista, a partir de los hechos mundiales del
presente y sus consecuencias nacionales y regionales.
Una base ideológica a fin de contribuir al estudio actual
de la lucha de clases en la Argentina y América latina,
dirigida hoy a la refundación del socialismo.
Emilio J. Corbière (*) (**)
(*) Director de la Fundación Juan B. Justo. Miembro de la Sociedad
Científica Argentina. Escritor, periodista, abogado, profesor universitario.
Tel: (541) 4784.8841. Celular: 154-424.9116. O¹Higgins 2066, piso 7º,
departamento B, (1428) Buenos Aires. E-mail: corbiere@sinectis.com.ar y
fundjuanbjusto@geocities.com
(**) Copyright 2001 Fundación Juan B. Justo. El material sólo puede
utilizarse mencionándose la fuente.

EL MITO DE LA GLOBALIZACIÓN
CAPITALISTA
Socialismo o Barbarie

“Los últimos cuatro meses han sido desde el
comienzo de la década la primera vez que
sentí que podría estar realmente equivocado
en los argumentos que expuse en El Fin de
la Historia. La crisis asiática se puede
convertir en una depresión global, en la que
todo es posible”.
Francis Fukuyama
(The New York Times, setiembre de 1998)
La llamada globalización capitalista constituye
un modelo de economía mundial, regional y
nacional que divide las sociedades, concentra las
riquezas y el poder político y margina a grandes
masas humanas degradando cada vez más a las
personas.
Esta globalización mantiene todos los rasgos del
capitalismo (explotación del trabajo asalariado,
extracción de la plusvalía, concentración de la riqueza y
del poder) y agrega otros elementos diferentes a los del
capitalismo industrial, porque principalmente ahonda
su carácter parasitario o rentístico y se despliega como
modelo de economía segmentada. Su desarrollo y

sostenimiento es a costa de la sociedad humana en su
conjunto, donde la mayoría se empobrece y se vuelve
miserable y un sector cada vez más concentrado y
minoritario disfruta de los bienes que ofrecen la
naturaleza y la vida social.
El fenómeno del flujo de capitales de inversión a través
de las fronteras no es tan diferente de lo que había sido
al inicio del siglo XX, pero hay cambios en el orden
social, como el del marginamiento de grandes masas
humanas respecto del trabajo y la producción. En otro
orden, las trasnacionales han constituido una
verdadera dictadura mundial, con un mando
centralizado, aunque dependen de sus propios Estados,
como es el caso de los Estados Unidos. Sobre las cien
trasnacionales más importantes de la lista de la
revista Fortune, la publicación encontró que
todas se habían beneficiado de intervenciones
específicas de los Estados nacionales, donde
tienen su base, mediante subsidios que provienen
del contribuyente fiscal y del desguace del
aparato productivo público en beneficio de las
corporaciones.
“Hay un mercado —dice Noam Chomsky—, pero es
un mercado guiado por el Estado, y el Estado
nodriza es un factor crucial, con el cual las
corporaciones cuentan” y agrega: “También existe una
gran expansión del capital financiero, que es mayor que
1
antes. Ese capital financiero se ha vuelto
dominante frente al capital industrial”.
La victoria o triunfo del llamado mercado es en
realidad la victoria del totalitarismo donde las
corporaciones constituyen mandos centralizados,
combinando las funciones ejecutivas, legislativas
y judiciales en una unidad de control superior.
Su poder alcanza a la propaganda, el dominio de
la información y, según Chomsky, el “control de
la mente”.
El pensador Silvio Frondizi definió tempranamente, en
1946, que la integración mundial capitalista es la
última etapa del imperialismo. Esa globalización es
la del capital financiero y rentístico, por un lado,
en el marco de una universalización de la
revolución científico-tecnológica, por el otro. La
primera tiene un destino incierto; la segunda ha
llegado para quedarse por mucho tiempo, hasta
que sea reemplazada por nuevos
descubrimientos.
Hay tres nudos económicos que analizar con carácter
previo y que son los siguientes:
1) Si estamos ante una onda larga o corta del
capitalismo, de acuerdo a la teoría de Kondratieff.
2) Si el modelo de economía segmentada, nombre más
preciso que el de “globalización”, se corresponde a un

período signado por la violencia estructural o
barbarización.
3) Si la transición nos lleva a un nuevo modelo de
economía, más humano y libre, más justo y equitativo,
o si el período de inestabilidad y excepción será largo y
muy cruento.
A mi juicio, la respuesta es la siguiente. Nos
encontramos ante una onda larga del capitalismo,
depresiva y, por lo tanto, no expansiva. A diferencia de
la expansión más grande del capitalismo entre 1945 y
1973 (crisis del petróleo), la etapa actual es precaria y
vulnerable, signada por una inestabilidad permanente.
El capitalismo rentístico privatiza el dinero,
tiende a feudalizar el poder, curiosamente
destruye el mercado y privatiza lo público.
Divide antes que une y, al mismo tiempo,
concentra el capital financiero.
Han existido muchas globalizaciones a lo largo de la
historia. Immanuel Wallerstein lo ha explicado en su
tesis de la economía-mundo. El Imperio Romano, la
Iglesia Católica medieval, el Imperio Británico, la
revolución protestante, el Imperio Español, entre otros
ejemplos. No estamos ante un fenómeno original, sino
frente a una etapa que Cornelius Castoriadis y Herbert
Marcuse, y antes Rosa Luxemburgo, caracterizaron en
la tensión Socialismo o Barbarie.

En esta onda larga del capitalismo hay una caída
significativa del producto y del crecimiento
respecto del período anterior. Se fortalece el
desempleo. Decenas de millones de personas sufren el
paro en los países centrales y son cientos de millones en
la periferia. Hay una crisis en el liderazgo imperialista.
Atrofia del G7 más Rusia, e intento de extender el
poder de dominación mediante la OTAN.
Se produce la expansión y explosión del crédito. Hay
dinero flotante y una formidable especulación. El
dinero toma autonomía respecto del comercio.
Existe un flotante de 200 a 300 billones de dólares en
manos de multinacionales, especuladores y en el lavado
de dinero del narcotráfico (el pensador norteamericano
James Petras consigna cifras superiores).
La invasión electrónica en el mercado financiero
y bursátil alienta transferencias enormes de
dinero en pocos segundos o minutos, como ocurrió
con un operador que mandó a la bancarrota a la Baring
Brother en cuestión de minutos. La punta de esta crisis
cíclica se está produciendo a partir del estallido de las
denominadas burbujas financieras japonesas y de la
crisis de los “tigres asiáticos”, que comenzó con la de
Tailandia en el segundo semestre de 1997 y se extiende
ahora por diversas regiones.
Anwar Shaikh y Ernest Mandel demostraron que una
tasa promedio declinante de ganancia y una tasa

estable de interés obtienen una tasa de ganancia real
negativa. Por ello no es viable invertir más a largo
plazo. Deja de ser favorable a la expansión, se convierte
en freno y entonces la oleada especulativa es mayor
porque es menos favorable invertir.
Surge así el actual período de inestabilidad, de
desempleo, miseria creciente y caos, en el cual existe
una autonomía relativa de la lucha de clases. Las
huelgas en Alemania, Francia e Italia, obligaron a
cambiar el mapa neoliberal europeo por otro a manos
del reformismo de tipo socialdemócrata. De todas
maneras, la violencia estructural es la que signa la
etapa, con el enfrentamiento entre mafias, locales e
internacionales, el lavado de dinero del narcotráfico y
el surgimiento de las contradicciones secundarias,
xenofobia, racismo, fundamentalismos y guerras
étnicas.
Es difícil saber el tiempo que durará la etapa de
barbarización en la que recién penetramos. No existen
por ahora fuerzas, a nivel nacional, regional o
mundial, que conduzcan mundialmente la
reacción, espontánea, de las masas oprimidas.
Para ello es necesario, como decía Lenin en ¿Qué
hacer?, unir los sueños con la vida, refundar el
socialismo, el socialismo del siglo XXI, porque las
fuerzas remanentes del viejo sindicalismo
contractualista y de una izquierda ya anacrónica, no
ofrecen alternativas. Urge, en ese sentido, la búsqueda

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1 comentario en “El mito de la globalizacion capitalista”

  1. Always forgive your enemies–nothing annoys them so much. by [url=http://www.airjordans.cc/air-jordan-11-11/]jordan 11[/url]

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