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ENEMIGOS DEL SISTEMA
Brian W. Aldiss
cuando los pájaros están muertos
pero algo pía como un pájaro?
Sonaba una música inspirada mientras avanzaban desde los edificios de la terminal hacia el ferry.
Sin agitación, sin empujarse, se iban situando en los relajadores y aguardaban a que el ferry partiera. Cincuenta y dos de ellos ocuparon sus lugares, con los sexos casi equilibrados. Sus ropas eran tan similares en corte, y tan apagadas en color y material, que llegaban a parecer un uniforme; sus cabellos, fueran hombres o mujeres, estaban cortados aproximadamente a la misma longitud; todos los rostros eran imperturbables, casi inexpresivos. Se sentaron sin ninguna inquietud. Eran la élite del sistema, emprendiendo sus vacaciones hacia el planeta clasificado de Lysenka II.
El ferry despegó silenciosamente, a su hora prevista. Ciudad de la Paz Mundial, la propia Tierra, se hicieron pequeñas tras ellos. Miraron cómo el planeta se encogía, y luego se volvieron y se sonrieron con circunspección. Eran desconocidos y nadie sabía quién era quién; incluso entre la élite existían varios grados de poder.
Del ferry, los pasajeros transbordaron a una nave TransAbismo que les aguardaba en una órbita de aparcamiento en torno a la Luna. Tan pronto como el ferry se hubo alejado, la TransAbismo estableció su campo de atracción e inició su costosa maniobra. La Tierra desapareció como un ojo cayendo por un desagüe, el Sol se transformó en una mota de luz y se desvaneció. El tiempo se convirtió en una serie de ecuaciones.
Ignorando el alarmarse, los turistas podían ahora relajarse y entrar en contacto unos con otros. La distancia del Sistema Solar al Sistema Lysenka era de 50,2 años-luz, en términos de Espacio Ordinario, de modo que los pasajeros tenían cuarenta horas de transferencia de sistema a sistema en las cuales podían permitirse establecer relaciones sociales o compartir actividades.
La TransAbismo era una nave espaciosa, bien equipada con salones, restaurantes, miradores panorámicos, una suite acuática, y habitaciones privadas. La mayoría de los turistas, siendo gente importante, hacía valer su importancia paseando alrededor de las concurridas estancias con su digno porte. Las azafatas, en sus uniformes azules de la Compañía TransAbismo, ayudaban a algunos pasajeros a localizar a las parejas que los selectores Extra-Sistema habían elegido para ellos, si no habían tenido tiempo de localizar- se antes de embarcar en Ciudad de la Paz Mundial.
Una de las sonrientes azafatas presentó a dos altos pasajeros, un hombre y una mujer, que se tocaron brevemente la punta de los dedos y luego se quedaron mirándose el uno al otro. Con una inclinación de cabeza, la azafata los dejó solos.
—Mi nombre es Jerezy Kordan, Ciudadano de Mundo 692—dijo el hombre, sonriendo para suavizar un poco la familiaridad de utilizar tan solo sus últimas tres cifras en su primer encuentro—. Me alegro de que nos hayan asociado juntos para estas vacaciones.
La mujer sonrió en respuesta y utilizó la misma informalidad.
—Soy la Ciudadana de Mundo 194, Millia Sygiek. Y me complace que el selector lo haya elegido a usted, utopista Kordan, pues sé que seremos compatibles.
Kordan poseía un rostro alargado y grave con gruesos labios que generalmente mantenía fruncidos, y rasgados ojos grises. Permaneció plantado firmemente frente a ella, con sus manos colgando relajadas a sus costados.
Sygiek era casi tan alta como él, una mujer con un brillante pelo castaño y ojos grises. Su mentón era firme, su expresión algo severa hasta que sonreía. Cruzó sus manos a la altura de su cintura mientras hablaba.
—Debemos ser compatibles, puesto que el ordenador nos ha calificado como compatibles. La compatibilidad es una cualidad que ambos debemos apreciar como deseable—dijo.
—Inevitablemente. Está estipulado que el placer es uno de los factores de nuestras vacaciones, y la compatibilidad es parte de su garantía. ¿No considera usted que la compatibilidad es una cualidad positiva, una cualidad constructiva?
—Quería dar a entender que tan solo algunos Progresistas consideran las relaciones hombre-mujer un poco pasadas de moda, incluso improcedentes a las necesidades del Sistema… Cuestionan la función útil del sexo.
El hizo un gesto vago con sus manos.
—Toleramos a los Progresistas en nuestra sociedad mundial—hablaba sin ningún énfasis en particular—. Pero por supuesto tan solo constituyen aproximadamente el 1,45 por ciento de la población—la tomó del brazo como dejando de lado el tema.
Se dirigían hacia su habitación particular cuando una voz de tenor dijo suavemente, sobre el latir artificial de la nave:
—Recuerden que las relaciones sexuales son una actividad social aprobada. Son agradables. Inevitablemente, incrementan el bienestar físico y mental de ambos participantes, y de este modo intensifican su valor ante el sistema. Asóciense con su pareja tanto como les sea posible durante el viaje. ¡Feliz relación!
Sygiek sonrió.
—¿I,o ve? Como buenos utopistas, nuestros deseos van por delante de las recomendaciones oficiales.
Pero, al atravesar uno de los salones de relajación, se distrajeron por un instante. Una hilera de ajedrecomputadores estaban sentados frente a una hilera de tableros de ajedrez en tres dimensiones, aguardando a que algún jugador humano quisiera jugar contra ellos. Cada ajedrecomputador era tan pequeño como una cabeza humana; su único brazo, construido con una sustancia parecida a la carne, colgaba doblado a su lado cuando permanecía inactivo. Alguien había colocado dos máquinas una frente a otra y ahora estaban jugando entre ellas el complejo juego.
Cuando terminaba un juego, las máquinas colocaban de nuevo solemnemente las piezas y empezaban
inmediatamente el siguiente. Algunos turistas estaban mirando.
Observando por encima del hombro de uno de los curiosos, Kordan dijo:
—¡Es divertido! Están ejerciendo sus capacidades únicamente para ganarle una a la otra.
El hombre que estaba delante de él, un rechoncho hombre de rasgos cetrinos de menor estatura que la media, lo miró directamente y dijo:
—Sería más divertido si uno de ellos mostrara algo de alegría cuando ganara.
Cuando ya se sintieron cómodos en su habitación, Kordan dijo:
—¿Qué quiso decir ese hombre con que sería más divertido si las máquinas mostraran un poco de placer al ganar? ¿Cómo se puede esperar que una máquina manifieste placer?
—Dijo alegría—ella empezó a desvestirse.
El estaba siguiendo su propia línea de pensamientos.
—Uno debe experimentar inevitablemente un cierto placer al ganar, aunque "Nuestra fuerza reside en nuestra unidad". Una máxima importante. Ganar implica competición. No deja de
ser una pequeña paradoja. Puesto que tenemos el privilegio de ir de vacaciones a Lysenka II, nos hallamos entre los ganadores del sistema. ¿Puedo expresarlo de este modo?
—Siempre es un privilegio el visitar un planeta extrasolar. En el caso de Lysenka II, tengo entendido que ha sido abierto al turismo antes de haber alcanzado una completa conformidad con las normas culturales .., simplemente para unirlo a las celebraciones del aniversario.
—Es cierto que la vida animal aún no ha sido sometida, como inevitablemente tendría que haber sido —sus labios se fruncieron—. De todos modos yo, como historiador con un interés especial en el mundo preutópico, doy las gracias por la suerte de poder ver algo de un planeta en el cual las sociedades animales, tal como yo lo entiendo, se aproximan a lo que debía de ser la vida en la Tierra antes del Biocom.
Sygiek se quitó las medias y empezó a desprenderse de su túnica de una sola pieza.
—Mi trabajo está enteramente relacionado con el presente. No siento ningún interés por el mundo preutópico, ni siquiera en este año del aniversario—dijo enérgicamente. El sonrió frunciendo los labios.
—Quizá Lysenka II despierte nuevos intereses. Indudablemente, vamos a ver cosas incompatibles con la civilización. De todos modos, hasta entonces, reanimémonos con algo de compatibilidad. Tiéndase y
abra las piernas.
Ella sonrió y se relajó contra los voluptuosos almohadones, preparándose para él como una yegua dispuesta a recibir a su jinete. De pronto, la imagen del hombre junto a las ajedrecomputadoras acudió a su mente.
—Tengamos un poco de alegría—dijo.
Muy pronto, la hermosa y costosa estructura había cruzado el abismo de luz que ni siquiera el estado mundial conseguiría subyugar nunca. Se materializó en órbita alrededor de Lysenka II, mientras algunos comentarios casi subvocales desgranaban datos acerca del sol, Lysenka, y sus cuatro planetas circundantes: tres de ellos turbulentas masas de gases, y solamente II un mundo remotamente apropiado para el establecimiento del orden y la ilustración.
En el ferry que los bajó a Ciudad de la Paz, la única base construida hasta la fecha en Lysenka II, los altavoces dieron la bienvenida a los huéspedes.
—Esperamos que disfruten de su estancia en Lysenka II, y sus intelectos extraigan el máximo provecho de ella. Aunque este planeta era conocido del estado mundial desde hace varios siglos, hasta ahora no había sido abierto al turismo. Pueden considerarse ustedes como especialmente privilegiados por estar aquí. Para aquellos que trabajamos en Lysenka II,
es un honor recibirles, sabiendo que ustedes son parte de las celebraciones especiales del Sistema con motivo del millonésimo aniversario del establecimiento del Biocom.
Los universales aspectos benéficos de Biocom nunca serán más apreciados que en este planeta, donde todo es primitivo, regresivo, y de un orden político-evolutivo tremendamente bajo.
»Así que deseamos que disfruten de su estancia y que ella sirva para fortalecerles en su dedicación fu-
tura a nuestro bienamado sistema. Bienvenidos a Lysenka II.
Los pasajeros se miraron entre ellos. Algunos, cautelosamente, sonrieron.
Todos recibieron la dosis de refuerzo y el tratamiento de acupuntura para aclimatarse al planeta, antes de desembarcar en suelo alienígena. El ferry bajó en picado. Un momento de silencio más terrible que cualquier abismo de luz, y luego las enormes puertas de salida se abrieron. Lo hicieron demasiado rápido: el cielo era un brillante techo acanelado de nubes que envolvió a los visitantes del nuevo mundo. Parpadearon, inexplicablemente reluctantes a avanzar.
Unas azafatas, con el uniforme rojo de Turismo Exterior en lugar del azul de TransAbismo, condujeron a los turistas a los ALD, sonriendo y tranquilizándoles. Tan pronto como un autobús para largas distancias estuvo lleno, aceleró hacia una de las carreteras radiales que conducían de Ciudad de la Paz a las zonas salvajes. Los pasajeros inspiraron profundamente y se miraron unos a otros, como si el nuevo entorno les forzara a cada cual a medirse de nuevo. En la inhabitual luz, el aspecto de sus rostros era extraño.
El autobús llegó a Dunderzee en una hora-T. Dunderzee era el recién abierto complejo turístico de Lysenka. Estaba al borde del territorio que los humanos aún no habían explorado desde el suelo.
Acompañados todavía por las tranquilizadoras azafatas, los turistas fueron conducidos a sus habitaciones en el Hotel de la Unidad. El hotel era suntuoso pero aún no estaba completamente terminado. Cada habitación, junto con una vista espectacular del salvaje paisaje exterior, alardeaba de una pared animada que mostraba un primer plano del lago Dunderzee. Cuando Kordan y Sygiek entraron en su habitación, se detuvieron frente a la pared y contemplaron la cascada que alimentaba al lago. Con un suave retumbar, el agua caía libremente de casi mil metros de altura por la ladera carmesí de la Garganta Dunderzee. Pesados pájaros se deslizaban planeando por la pared de la garganta, internándose en la columna de blanca agua a través del chorro.
Volviéndose para colocar su maleta en el estante previsto para tal fin, Kordan dijo:
—Aunque he viajado por todo el Sistema, y he visitado dos veces el Océano Argyre cuando sus aguas eran liberadas, la Garganta Dunderzee me impresiona. Me gustará visitar la realidad.
Ella se sorprendió de que él hablara tan subjetivamente; no dijo nada, observando una partida de criaturas de apariencia humanoide que se deslizaban enérgicamente por la espuma del lago.
—Millia, cuénteme algo acerca de usted —pidió Kordan.
—Puede juzgarme por usted mismo —ella le miró directamente a los ojos. Ambos permanecieron silenciosos, contemplándose mutuamente.
—¿Dónde nació? ¿En la Tierra?—preguntó él.
—Nací en una ciudad flotante en la llanura de Ust'-Urt, a doscientos cincuenta kilómetros del mar de Aral —señaló hacia el agua que caía, la agitada superficie del lago—. Nunca vi nada, excepto una llanura inmóvil, hasta que tuve doce años, así que quizás esta gran garganta me empuje contra la naturaleza. No es sofisticada, puedo darme cuenta de ello.
—Pasado mañana los dos estaremos junto a esta cascada en la realidad, Millia.
—Sí, debería ser una fructífera expedición cultural. También tengo que relacionarme un poco más con nuestros compañeros turistas. Forman una muestra representativa de los escalones intermedios de nuestro sistema de sociedad. Puede acompañarme hasta el bar, si lo desea.
—Quedémonos un poco aquí solos, Millia. Me gusta su compañía. Mañana, inevitablemente, tendremos tiempo para los demás…
—No haga observaciones antisociales. La unidad es una cualidad que necesita una perpetua renovación. Hemos dispuesto de mucho tiempo solos en el TransAbismo. Ahora integrémonos con nuestra nueva comunidad.
El miró anhelosamente hacia la cascada mientras salían de la habitación.
II
El Hotel de la Unidad alojaba a unos doscientos huéspedes, todos ellos importantes por derecho propio, allá en el Sistema. Jerezy Kordan era un historiador especializado en el Período Clasificado de la Europa preutópica antes de la introducción del Biocom. Era académico del IEPU, el Instituto de Estudios Pre Utópicos, y muy probablemente a su debido tiempo llegaría a canciller. Millia Sygiek se anunciaba a sí misma como supervisora de conmutación de Movilidad de Población del Sistema. Como tal, su trabajo consistía en viajar
por los planetas y satélites del Sistema, comprobando que las comunidades permanecieran equilibradas en tamaño y herencia genética y no degeneraran; la enorme tarea de controlar la circulación migratoria recaía sobre ella y la oficina de MPS.
Por la tarde, se alentó a los recién llegados turistas para que pasearan por la seguridad de los jardines del hotel, a fin de acostumbrarse a las diferencias de gravedad, atmósfera y radiactividad. Había mucho que ver allí, incluido un zoo que albergaba a algunas de las especies autóctonas de Lysenka. Sygiek y Kordan se unieron a otra pareja de turistas, un exobotánico llamado Ian Takeido, un hombre joven y tranquilo que había pasado la mayor parte de su vida en el subsistema joviano, y Jaini Regentop, una pálida muchacha que era especialista en ADN en el Consejo Asesor de Tecnoeugenesia.
La voz de un comentador, profunda y paternal, les siguió mientras paseaban por una de las amplias avenidas del zoo.
—Casi todos los árboles que pueden ver a ambos lados están clasificados como Calamiteas Iysenkanas, o colas de caballo. Su estructura es muy similar a la de los árboles que crecieron en la Tierra durante la
era carbonífera. Recuerden siempre que Lysenka II apenas acaba de emerger de su equivalente al período devoniano y entrado en su carbonífera. En otras palabras, se halla en el mismo estadio de desarrollo que la Tierra hace unos 370 millones de años.
»Habrán observado también los árboles que nosotros llamamos árboles-caja. Este filum nunca se desarrolló en la Tierra. Cada árbol es de hecho una pequeña colonia de árboles en número de más de quince. Sus troncos crecen al principio a partir de una base común, primero hacia afuera, luego hacia arriba. Después, a medida que envejecen, los troncos se curvan de nuevo hacia abajo, para reunirse en un entrelazado de follaje a unos seis metros sobre el suelo. De este modo se forma algo parecido a una caja…, y de ahí su nombre —la voz descendió de tono hasta convertirse en una risita—. Nos gusta pensar que esta tendencia a la unidad hace de los árboles-caja el primer ejemplo de unidad socialista que hemos hallado en el mundo vegetal de Lysenka.
—Encantador—dijo Jaini Regentop—. Encantador. Y un pequeño chiste constructivo, también.
Aquella noche, el consejo del Hotel de la Unidad celebró una gran recepción, con un banquete y varios brindis y discursos, seguidos de un baile y un grupo folklórico traído de Ciudad Bohemia, en Titán.
A la mañana siguiente, cuando los turistas se desperezaron, fue para descubrir que sus paredes animadas estaban en blanco, y sus radios y pantallas de visión no funcionaban. Sólo las comunicaciones internas del hotel seguían operativas. Un azarado consejo de dirección presentó unas rápidas excusas y explicó el porqué.
—La suspensión temporal de las comunicaciones externas no afectará la expedición a la garganta Dunderzee prevista para hoy. Los ALD, sus vehículos, funcionan por motores micronucleares. Desgraciadamente, todas nuestras comunicaciones son vía satélite, así como la mayor parte de la energía es irradiada por el sol Lysenka hasta nosotros también por vía satélite; estas funciones se hallan temporalmente suspendidas, debido a una huelga en el satélite de control en Ciudad de la Paz. Nos alegra mucho poder decir que el hotel posee su propia reserva de energía, con duración para más de una semana. No obstante, rogamos disculpas por todos los inconvenientes y la pérdida de sus paredes animadas. Como podrán ustedes apreciar, Lysenka II es un planeta muy primitivo, lo cual a veces contagia sus efectos sobre la naturaleza de la gente. Gracias.
Los huéspedes se miraron con desagrado.
—Los mecánicos y los ingenieros del satélite están intentando renegociar su contrato con el Presidium Planetario—les dijo Ian Takeido a Kordan y Sygiek en voz baja, durante el desayuno—. Estuve hablando con uno de los técnicos del hotel la pasada noche. Parece que, al estar trabajando en un planeta extrasolar, deben cumplir con un contrato de diez años ininterrumpidos antes de poder regresar al Sistema. Quieren que la duración del contrato se reduzca a siete años.
—El TransAbismo es terriblemente caro, ya lo sabe usted—dijo Sygiek suavemente.
—¡Pero una huelga!—exclamó Regentop, mirando por encima de su taza de café—. Qué primitivo… Ian ha tenido que explicarme lo que significaba la palabra. Creo que el castigo por huelga era…—y dejó que su voz se desvaneciera.
—Si uno desea algo—dijo Kordan—, tiene que negociar por ello. Es una perogrullada, pero cierta.
—Se han cansado de negociar—dijo Takeido—. Espero que no considere mis palabras demasiado francas, pero han estado negociando durante años, sin resultado.
—Pero la vida pública es negociación, en tanto no interfiera con la marcha del gobierno—dijo Kordan—. El proceso es parte de una dialéctica general.
Takeido sacudió la cabeza.
—Esos técnicos lo ven como un asunto emocional. Lo que dicen es: "La Tierra es nuestro Id… Debemos tenerla o morir".
—¡Id! Otra palabra que nunca había oído antes —se quejó Regentop, sonriendo y mirando ansiosamente sus rostros.
—Como académico, puedo asegurarle que es una palabra realmente arcaica —dijo Kordan frunciendo los labios—. Y en este caso casi invariablemente mal empleada.
—Probablemente fue declarada no-palabra —dijo Sygiek, mirando alternadamente a los demás—. En cuyo caso, no debería ser empleada en lugar de emplearsela mal.
Hubo una pausa. Regentop se inclinó confidencialmente hacia adelante.
—Utilice su autoridad para explicarnos lo que significa id, Jerezy Kordan—dijo—. Todos nosotros pertenecemos a la élite…, y estamos fuera del Sistema. No puede ocurrirnos nada por una simple charla aquí —parecía excitada, y le sonrió nerviosamente mientras hablaba.
Sygiek cruzó las manos sobre su regazo y miró a través de las ventanas.
—Si las palabras caen fuera de uso, generalmente hay buenas razones para ello—dijo en tono amonestador—. Pueden servir como elementos de réplica en sistemas subversivos de pensamiento. Usted sabe muy bien esto, Jerezy Kordan.
—En el presente caso, la explicación es sólo instructiva —dijo Kordan conciliadoramente. Ella siguió mirando a través de las ventanas. Él se volvió hacia los demás—. Era una entidad de las antiguas supersticiones, algo así como un fantasma. En pocas palabras, hace mucho tiempo, en la época antes de la llegada del Biocom, florecieron algunas interpretaciones pervertidas acerca de la naturaleza del hombre. La mayoría de ellas asumía que el hombre no era un ser económico racional. Podía llegar a discutirse que tal fuera el caso antes de que el comunalismo le proporcionara la necesaria estructura racional sociopolítica con la cual podía funcionar como una unidad. 'Id' fue un término acuñado por una de esas pervertidas interpretaciones…, un sistema particularmente pernicioso, una senda ciega de pensamiento que, me siento feliz de decirlo, recibió siempre oposición, incluso por parte de nuestros primeros antepasados comunistas.
Había caído en un fácil estilo discursivo. Sygiek miró hacia los demás; estaban contemplando el rostro de Kordan con algo de admiración. Este prosiguió:
—En aquellos días remotos, el conflicto fisiológico entre el cerebro, el sistema nervioso central, y el sistema nervioso autónomo, no era comprendido. Inevitablemente surgió un concepto erróneo de la naturaleza de nuestro hombre. El conflicto fisiológico fue interpretado como psicológico, originado por alguna hipotética profundidad de la mente. La mente era considerada como algo muy complejo, casi como un mundo salvaje e independiente. En ese erróneo modelo de fisiología humana, esto es lo que realmente era la mente, se suponía que en sus lodosas oquedades acechaban varios elementos salvajes y socialmente destructivos, aguardando el momento de derribar la razón. Esos elementos fueron reunidos bajo el término común de id. Era una fuerza regresiva.
Habían terminado su desayuno. Mientras Takeido empujaba hacia atrás su sillón, dijo:
—¡Instructivo! ¿Cómo supone usted que el antiguo término ha ido materializándose aquí en Lysenka Il
un millón o más años después, Jerezy Kordan?
—Como creo haber puesto en claro, el término fue acuñado en algún sistema capitalista desvanecido hace mucho tiempo… En parte, para explicar y disculpar sus propias deficiencias de organización. Si comprende usted la regresiva naturaleza de los animales de este mundo, entonces podrá comprender que los…, esto, técnicos en huelga, pueden haber tomado el término de aquí.
—Deberían ser censurados por ello—dijo Regentop, con voz impresionada—. Todo esto suena desagradablemente no utópico.
Sygiek se puso en pie y se quedó mirando a los demás, pero Takeido se inclinó hacia adelante, visiblemente deseando seguir con el tema. Palmeando con fuerza, dijo:
—Esto es de lo más interesante, Jerezy. Si está usted en lo cierto, y por supuesto yo no lo dudo, entonces los técnicos en huelga están equivocados. "La Tierra es nuestro Id…" Lysenka es el subversivo lugar prohibido, así que él tiene que ser el id, y la Tierra tiene que ser…, no sé el término. Tan sólo soy un simple exobotánico.
Regentop palmeó su hombro y sonrió, orgullosa.
—Super-yo—dijo Kordan—. La Tierra debería ser el super-yo—sonrió dando por terminado el asunto, renegando del tema, y alzó la vista para ver cómo Sygiek se tomaba la conversación.
—Esta conversación es demasiado indulgente consigo misma —dijo ella—. "Hablar del error es en sí
mismo error." Terminemos y vayamos a los autobuses. La mayoría ya está allí.
—Esas viejas teorías son una tontería, inevitablemente—le dijo Kordan, tomándola del brazo mientras
abandonaban el comedor—. Algo medieval. Como la alquimia.
Ella le miró con las cejas ligeramente levantadas y una sonrisa que él no le había visto antes.
—Pero la alquimia condujo a algún lugar, Jerezy Kordan, académico. Proporcionó uno de los fundamentos del desarrollo científico. En cambio el psicoanálisis era un callejón sin salida.
—Entonces también usted está familiarizada con esos antiguos y prohibidos modelos… ¡Psicoanálisis!
—Es parte de mi trabajo familiarizarme con todo lo que está prohibido.
El la miró escrutadoramente. Ella mantuvo su mirada. El no dijo nada, y salieron al exterior. Kordan se detuvo en las escaleras, inspirando profundamente mientras miraba al frente.
Los autobuses aguardaban como grandes bestias soñolientas. El exobotánico, Takeido, llamó la atención de Kordan, tosió y dijo como disculpándose:
—Ha sido un placer escucharle hablar en la mesa durante el desayuno, Jerezy Kordan. Trabajando en las lunas jovianas, uno se siente muy solo. Uno piensa, desea hablar… Hablar acerca de muchas cosas, como los tópicos que ha abordado usted. ¿Podríamos ir Jaini y yo con ustedes hasta Dunderzee?
Kordan miró al joven, como si pensara cuán joven y débil era en realidad. Observó el nervioso fruncimiento de las cejas negras sobre la frente de Takeido.
—Tiene usted absoluta libertad de elegir cualquier asiento que desee en el autobús—dijo—. Pero el lenguaje es algo muy precioso y debe ser conservado. Es mejor ser resuelto que curioso. "La resolución es el enemigo de la desviación", como proclama la máxima. Imagino que esto se aplica tanto a Júpiter y Lysenka como a la Tierra.
—Por supuesto—dijo Takeido, y tragó saliva.
—Subamos a los autobuses, entonces—dijo Kordan, sonriendo. Hizo una seña con la cabeza a Sygiek. Ella le devolvió satisfecha otra inclinación, y descendieron la escalinata, en un absoluto dominio de su mundo, hacia los autobuses que aguardaban. Las puertas del perímetro fortificado del Hotel de la Unidad se deslizaron y abrieron. Sobre ellas ondeaba una bandera con la enseña del Sistema Unido y la leyenda: