Selecciones de vida 3

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 No cabe duda respecto a que los tiempos actuales, tal y como lo dice la Palabra, requieren escandalosamente de la pronta manifestación de los hijos de Dios. Al publicar este tercer volumen de nuestro Selecciones de Vida 3 – Ideas condensadas de grandes autores cristianos, oramos porque los siguientes extractos de distintas obras, recientemente publicadas o próximas a publicarse, signifiquen una lectura que inspire, guíe y, en última instancia, nos mueva a manifestarnos como portadores del evangelio eterno. En EDITORIAL VIDA agradecemos al Señor la oportunidad y responsabilidad que nos concede al publicar estas obras.


Nuestro deseo es agradarle y cumplir la misión que nos ha encomendado. Gracias por ser la parte más importente de ello.

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Este libro contiene los siguientes autores:

Andy Stanley
Wayne Grudem
John Piper
Gene Getz
David Yonggi Cho
Garry Friesen
R. T. Kendall
Mike Mason
Lloyd Reeb
Bill Hybels
David Ruis
Sandi Patty

 

La creación de
una montaña
Veintiuno de octubre de 1966. Era otra mañana encantadora
en la pequeña villa galesa de Aberfan. Al romper
el alba en los brillantes valles de color esmeralda del
sur de Gales, los pobladores comenzaron sus actividades en las
viviendas de techos de teja plana que manchaban las colinas
de ese pueblo minero.


Un desfile de figuras cubiertas con chaquetas cenicientas
fluía continuamente hacia la mina de carbón que le dio origen
a esa pintoresca comunidad. No muy lejos de ahí Dilys Powell,
una niña de diez años, se abría paso por las calles empedradas
para reunirse con sus compañeros de la escuela primaria e
intermedia Pantglas en la calle Merry. Este era un día típico y
el majestuoso edificio de ladrillos rojos servía de hogar a unos
250 niños de la villa.


Para los hombres y las mujeres de la villa, de faz curtida y
cicatrices que han dejado una vida de trabajo en las fosas de la
mina, ese pueblo no era perfecto. Sin embargo, ante los ojos
puros de un niño, cada escena le agregaba profundidad al
colorido tapiz llamado hogar. Através de los polvorientos cristales
en la parte trasera de la escuela, se destacaban las verdes
colinas. La única excepción era la alta, presagiosa y negra montaña
que se erguía en las afueras del pueblo.
Por Andy Stanley

Para el observador común, la montaña tenía la apariencia
de un monolito de figura poco común, una sola pieza de roca
que penetraba la corteza terrestre y servía como fundamento
para toda la región. Pero los habitantes de Aberfan estaban
mejor informados. Para ellos, era un monumento a los años de
trabajo que hicieron de Aberfan su hogar.


En los momentos siguientes, ese mismo monumento captaría
la atención de niños y adultos en todo el mundo. Desde
1870 un montón de escombros de la mina emergía gradualmente
desde el suelo del valle. Durante casi un siglo, inmensos
contenedores, transportados por cables elevados, habían depositado
las cargas de los residuos de carbón de forma continua.


En vista de que las monótonas descargas no alteraban la tranquilidad
de los pobladores conforme pasaban los años, poco a
poco el montón de residuos se fue convirtiendo en una parte
natural del paisaje. Ésta llegó a medir centenares de metros de
altura.


Octubre veía caer en el valle una cantidad anormal de lluvia
que convirtió el montículo de carbón y la tierra a su alrededor
en una esponja gigante. En la mañana del 21 de octubre,
David John Evans, un empleado de mantenimiento en la mina
de carbón de la localidad, escaló la colina aledaña al montón de
escombros para investigar los informes de que la gigantesca
masa se estaba moviendo. Sin darse cuenta acababa de conseguir
un asiento de primera fila para presenciar uno de los peores
desastres mineros de la historia.


A las 9:30 a.m. Dylis Powell y sus amigos tomaron sus
asientos. «Reíamos y jugábamos mientras esperábamos que la
maestra pasara lista», recordó tiempo después. «Escuchamos
un ruido y nos pareció que la habitación volaba. Los pupitres
se caían y los niños gritábamos y llorábamos». Al otro lado de
la calle la señora Pearl Crowe escuchó un leve retumbo y se
asomó a la ventana. «Vi cómo una masa negra de residuos se
movía y se vertía constantemente en la escuela, parte de la cual
colapsó. Me quedé pasmada». Cuando la señora Gwyneth
Davies escuchó el ruido, se volvió a tiempo para ver que «la
montaña había cubierto la escuela». En cuestión de segundos el
rostro de Aberfan cambió para siempre.


Licuados por las torrenciales lluvias, dos millones de toneladas
de carbón, roca y lodo fluyeron de la montaña hacia el
valle. La escuela y un grupo de casas quedaron aplastadas.
Más de 200 personas, en su mayoría niños, murieron. Toda una
generación se destruyó en Aberfan. Esto sucedió debido a una
montaña que realmente no era una montaña. Durante años las
personas de Aberfan habían trabajado para edificar una comunidad.
La inmensa montaña de carbón se erguía como la pieza
central de una ciudad esculpida en el paisaje galés durante
años de arduo trabajo. Era un legado creciente que permanecía
en ese sitio para las nuevas generaciones. Pero, en el transcurso
de un día, todo eso cambió. Sin embargo, ese era un día que
desde hacía mucho tiempo estaba formado.


Regreso a Aberfan
Como pastor que soy, paso mucho tiempo con personas que
intentan emerger de catástrofes personales… sucesos que a
menudo estuvieron en proceso de creación durante años, pero
que tomaron a las personas «por sorpresa». Un fracaso matrimonial,
un embarazo no deseado, una crisis económica, problemas
laborales. Mientras escucho, dos preguntas se cruzan
en mi mente: ¿Por qué nos cuesta reconocer las trampas que
nos ponemos a nosotros mismos? y ¿Qué pudo haber hecho
esta persona para evitar esa situación? Las respuestas casi
siempre parecen reducirse al mismo asunto. El carácter.


Convicciones inestables. Valores mezclados. Egoísmo. En
algún lugar esos individuos se desviaron del camino de la justicia.
Pero nada sucedió al principio. Por lo menos, nada de lo
cual estuvieran conscientes. Ese fue el comienzo de su montón
de residuos que se alzó a una obvia distancia de sus almas.
Existe otro grupo de personas con las cuales me relaciono de
forma regular. Son las personas que enfrentan las inevitables
tormentas de la vida sin haberlas creado. Son tormentas que
crean las deficiencias del carácter de las demás personas. Se
trata de las tormentas que constituyen una parte natural del
mundo caído.


Ahí, en medio de un trato injusto y lo que parece ser un
dolor no merecido, se revela el verdadero carácter de un hombre
o una mujer. Los pretextos salen al descubierto. Se desmoronan
los sistemas de creencias que se heredan y que no se
prueban. Se descarta la apariencia religiosa y social. Lo que tú
ves en esos momentos es lo que realmente ha estado ahí siempre.
Mientras muchos se sienten destrozados, arrastrados por
las ráfagas del enojo o la desesperanza, emerge, de entre las
tormentas más severas, una especie única de personas con una
perspectiva y una actitud piadosas que permanecen intactas.


Al igual que un inmenso pino del norte plantado en el estrato
de una roca, los fundamentos de esa especie única son profundos.
Evidentemente son más de lo que aparentan ser. Son hombres
y mujeres que no han invertido los años de su vida en lo
que se ve sino en lo que no se ve. Son personas de carácter.
Hombres y mujeres cuyas acciones y actitudes hablan por sí
mismas. Mucho más que palabras, sus vidas hablan de lo que
hay en su interior.


Tu verdadero yo
Tu carácter es lo que verdaderamente eres. Impactará lo que
logres en esta vida. Determinará si tú eres una persona que
vale la pena conocer. Creará o destruirá cada una de tus relaciones.
Tu carácter ayuda a determinar durante cuánto tiempo
podrás aferrarte a la fortuna obtenida por el arduo trabajo o la
buena suerte. Tu carácter es el guión interno que determinará
tu reacción al fracaso, al éxito, al maltrato y al dolor. Alcanza
cada una de las facetas de tu vida. Se extiende más que tu
talento, tu educación, tu origen o tu círculo de amigos. Estas
cosas te pueden abrir puertas, pero tu carácter determinará lo
que suceda una vez que pases por esas puertas.


Tu buena apariencia y tu red social pueden hacer que contraigas
matrimonio; tu carácter te mantendrá casado. Podrás
capacitar tu sistema reproductivo, que recibiste de Dios, para
tener hijos pero, tu carácter determinará tu habilidad para relacionarte
y comunicarte con esos hijos.


Este es un libro que trata sobre el cambio, sobre el proceso,
que dura toda una vida, de tomar, moldear, darle forma y afinar
la materia prima hasta convertirla en un producto terminado.
Te guste o no, ese proceso ya está sucediendo en tu interior.
Comenzó el día en que naciste y continuará hasta el día de tu
muerte. El cambio siempre ocurre a lo largo del camino. La
mayor parte del tiempo no es perceptible. Muchos de nosotros
sembramos árboles durante la infancia, los cuales, al momento
de que nos vamos de casa, nos parecían del mismo tamaño que
cuando los plantamos.


No fue sino hasta años después, al regresar a casa, que
pudimos detectar un crecimiento obvio. Sin embargo, algo ocurría
durante esos días de la infancia. Se desarrollaba un proceso
que en un momento dado produciría un árbol maduro. Años
después contemplamos el cambio y nos maravillamos de él. Lo
que es cierto en cualquier organismo viviente es cierto en tu
carácter.


Tu carácter no está estancado, al contrario, se está desarrollando
o deteriorando. Tú no eres la misma persona que fuiste
ayer. Cierto, es posible que no sientas ningún cambio ahora
mismo. Quizá no estés conciente de ninguna diferencia. Pero te
aseguro que si tuvieras que irte ahora y regresar diez años después,
estarías sorprendido, impactado, quizá emocionado o tal
vez entristecido por la diferencia. Tú has cambiado y sigues
cambiando. Así como tu ser externo refleja lentamente los
inevitables cambios que acarrea el tiempo, tu ser interno asume
cambios similares, aunque no igualmente inevitables.


¿Hacia dónde te diriges?
¿Quién serás en cinco años? ¿En diez años? No me refiero a
tu rol o título laboral. Durante un momento deja a un lado los
sueños relacionados con tu carrera o red social. Hablo acerca de
lo que esperas encontrar en tu interior. ¿En qué tipo de persona
esperas convertirte?


Este día tú diste un paso. Te acercaste o te alejaste de lo que
esperas llegar a ser. La mayoría de las personas se alejan de su
objetivo. Un puñado superó la inercia negativa de este mundo
caído y se movió hacia adelante. Pero nadie —nadie— se
quedó quieto.


Con certeza sé que dirigir un servicio durante un funeral no
es el aspecto más placentero de mi trabajo. No obstante, es
claro que hay buenos funerales y malos funerales. Durante un
buen funeral, tú celebras una vida, escuchas relatos que hablan
del amor, la amabilidad, la fidelidad y la capacidad para poner
a otros en primer lugar, ser mentor de otros y compartir los
bienes. En un mal funeral tú escuchas historias sobre golf y
decoración.


No es que haya algo malo en el golf o la decoración. Pero si
te piden que durante tres minutos hables ante familiares y amigos
sobre lo que más recuerda de «fulano de tal» y, para matar
el tiempo, tienes que contar una historia de golf, algo anda mal.
¿Cuál es mi punto? Tu carácter, no tus logros o adquisiciones,
determinan tu legado. ¿Es eso importante? Sí, es muy importante.
Conforme pasen los años, será más importante. El problema
es que el carácter es como un árbol, no se desarrolla de
la noche a la mañana.

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