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En general podemos afirmar que el pueblo evangélico posee bastante instrucción en
cuanto a la Biblia en su totalidad; la Escuela Dominical, los estudios emprendidos en el seno de las iglesias durante los cultos, y últimamente en institutos y convenciones, todo ha venido a dar a nuestro pueblo evangélico un conocimiento mejor de las Sagradas Escrituras y poco a poco los evangélicos van siendo los cristianos de un solo Libro, por lo menos en lo que respecta al conocimiento de él, no obstante la mucha ignorancia que pudiera haber aquí y allí en casosaislados.
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DESDE NEHEMIAS HASTA LA PERSECUCION
DE ANTIOCO EPIFANES
(400-168 A. C.)
1.–El período de cuatro centurias, desde el fin de los registros del Antiguo Testamento
hasta los eventos que anunciaron el nacimiento de Jesucristo, puede dividirse en cuatro partes, a
saber: la continuación del dominio persa hasta el año 331 A. C.; el imperio Griego en Asia,
331-167 A. C.; la independencia de Judea bajo los príncipes Asmoneos, 167-63 A. C.; y el
gobierno de la casa de Herodes comenzando en el año 40 A. C., y extendiéndose más allá de la
Era Cristiana hasta la destrucción de Jerusalén en 70 D. C. Los últimos dos períodos incluyen
también las relaciones entre Judea y Roma. Hay muy poco que tenga un verdadero interés
excepto la lucha de los Macabeos en pro de la religión y la libertad en contra de Antioco
Epifanes, pero todo el período pide que le demos alguna atención a fin de preparar nuestra mente
para entender el estado en que encontramos a los judíos en los comienzos del Nuevo Testamento,
sus condiciones morales y políticas, sus opiniones, sus sectas y sus partidos.
2.–Los dos primeros períodos forman un vacío en la historia de los judíos. Parece que
ellos se contentaron con desarrollar sus recursos interiores y sus instituciones religiosas bajo el
suave gobierno de los Persas. No podríamos decir hasta qué grado los príncipes de Judá retuvieron
algún resto de su autoridad patriarcal, pero desde el tiempo de Nehemías el Sumo Sacerdote
vino a ser la persona más importante en el Estado: y el gobierno interno se constituyó más y más
en una jerarquía. En las genealogías del periodo los levitas fueron registrados como los
principales de los padres. Los sumos sacerdotes desde el tiempo de Nehemías hasta el fin del
imperio bajo Darío Codomano furon Eliasib, Joiada, Jonatán o Johanán, y Jaddua. (Neh. 12:22.)
Eliasib, el Sumo Sacerdote en el tiempo de Esdras y Nehemías, fue sucedido por su hijoJoiada, y éste por su hijo Johanán, (Juan) hasta cuyo tiempo las cabezas de la tribu de Leví
fueron registradas en las Crónicas de Judá.
El sumo sacerdocio de Johanán, que duró treinta y dos años, principalmente en el largo
reinado de Artajerjes II, (405-359 A. C.) , fue manchado por el primero de aquellos asesinatos
que después trajeron la anarquía al Estado. Su hermano Josué, (Jesús) de quien se sospechaba
que aspiraba al sumo sacerdocio confiado en el favor de Bagoses, el sátrapa persa, fue asesinado
por Johanán en el templo. El sátrapa castigó el asesinato imponiendo una contribución de
cincuenta ciclos por cada cordero ofrecido en sacrificio y contaminó el templo con su presencia.
(366 A. C.) Pero aun al hacerlo así, el persa enseñó a los judíos la muy necesaria lección que
después fue reforzada por una autoridad más alta: ¿No soy más puro, dijo él, que el cadáver
de aquel a quien habéis matado en el templo?
Este crimen constituye el único evento memorable en los anales de Judea desde el
gobierno de Nehemías hasta la conquista macedónica, si exceptuamos una narración dudosa de
que el país fue castigado y algunos judíos llevados cautivos a Babilonia por su alegada
participación en la revuelta de los Sidonios bajo Artajerjes Oco, (351 A. C.) .
3.–Jaddua, el hijo y sucesor de Jonatán, o Johanán, es el último de los sumos sacerdotes
mencionados en el Antiguo Testamento, y en verdad su nombre es el último que aparece en el
Antiguo Testamento con la dudosa excepción de unos cuantos en las genealogías fijadas en las
Crónicas. Su inserción en el libro de Nehemías es un guía, en cuanto al tiempo en que el Canon
del Antiguo Testamento quedó definitivamente cerrado.
Eusebio asigna veinte años al pontificado de Jaddua, quien fue Sumo Sacerdote bajo
Darío Codomano, (336 331 A. C.) , y después de la caída del imperio persa Josefo nos da la
romántica historia de una entrevista entre Jaddua y Alejandro el Grande. Entretanto que éste se
encontraba poniendo sitio a Tiro mandó pedir la sumisión de los judíos, quienes contestaron que
ellos eran fieles vasallos de Darío, (332) . Después de tomar Gaza, Alejandro marchó contra
Jerusalén y Jaddua: por mandato de Dios en una visión adornó con guirnaldas la ciudad y salió
en solemne procesión a recibir al conquistador a Sapha, una eminencia a plena vista de la ciudad
y del templo. A1 ver al Sumo Sacerdote ataviado con sus espléndidas vestiduras, lo mismo que a
los sacerdotes y el pueblo vestidos de blanco, Alejandro cayó postrado en adoración, y
levantándose abrazó al Sumo Sacerdote. A las críticas de Parmenio contestó que adoraba no al
sacerdote, sino al Nombre que llevaba grabado sobre su mitra, pues había reconocido en él la
figura que se le había aparecido en visión en Macedonia ordenándole conquistar a Persia.
Entrando en Jerusalén ofreció sacrificios, y le fueron mostradas las profecías de Daniel
relacionadas con él mismo. Concedió a los judíos, no solamente en Judea, sino también en Media
y en Babilonia, el libre ejercicio de sus propias leyes, eximiéndolos del tributo durante el año
sabático.
La historia no es aceptada por los mejores críticos debido a sus improbabilidades internas
que montan casi a contradicciones, y por el silencio de los historiadores de Alejandro. La
afirmación de Justino, de que al avance de Alejandro en Siria fue encontrado por muchos príncipes
orientales llevando sus diademas, proporciona alguna confirmación a la historia de la salida
del Sumo Sacerdote a encontrarlo. Es cierto fue Jerusalén y Judea se sometieron al conquistador
y hay trazas subsecuentes dé los, privilegios que se dice concedió a los judíos. El homenaje de
Alejandro a Jehová y su gozo al ver que había sido escogido como el instrumento del destino,
son puntos enteramente de acuerdo con su carácter. No hay nada improbable en que haya
recibido la sumisión de Judea mediante el Sumo Sacerdote y los príncipes por el tiempo del sitio
de Gaza. De todas maneras, Jerusalén era demasiado importante para haber sido dejada a un
lado, tanto por Alejandro como por los historiadores. Alistó a muchos judíos como soldados y
llevó un gran número de ellos para poblar su nueva ciudad de Alejandría.
Se dice que los samaritanos pidieron los mismos privilegios que los judíos, pero que
Alejandro se rehusó a concedérselos, y quizá debido a esto se levantó la rebelión en la cual
asesinaron al gobernador macedónico Andrómaco, crimen que Alejandro castigó con la destrucci
ón de Samaria. De aquí en adelante Palestina quedó quieto bajo Alejandro, quien murió en 323
A. C.
Sin embargo, el conquistador macedónico no debe ser abandonado sin más noticias
acerca de su verdadero lugar era la historia judaica, y en la historia sagrada del mundo, lugar que
no depende de ninguna circunstancia incidental como la visita a Jerusalén.
En las visiones proféticas de Daniel la influencia de Alejandro se combina
necesariamente con la de sus sucesores. Ellos representaron las varias fases de su carácter y
nacionalmente para los judíos, la política de los reyes de Siria fue de mocha más importancia que
la conquista original de Asia. Nótese, sin embargo, que se dan con vigorosa viveza algunos
rasgos del primer rey valiente (Dan. 8: 21; II: 3.) . El emblema con el cual es tipificado, -el
macho cabrío–, sugiere la fuerza y la rapidez: y la extensión universal y la maravillosa rapidez
de sus conquistas se presentan como los característicos de su poder, que fueron guiados por la
más fuerte impetuosidad personal: …Un macho cabrío venía de la parte del poniente sobre la
haz de toda la tierra, el cual no tocaba la tierra. (Dan. 8: 5.) Corrió contra él con la ira de su
fortaleza. (Dan. 8:6.) Derribólo, por tanto, en tierra, hollólo: ni hobo quien librase al carnero de
su mano. El cual se enseñoreará sobre su gran dominio y hará su voluntad. (Dan. 8: 7: II: 3.)
La tradición de su visita a Jerusalén, sea verdadera o falsa, presenta un aspecto del
carácter de Alejandro que con frecuencia se ha perdido de vista por algunos de sus biógrafos. No
fue simplemente un griego, ni daba juzgarse por las normas griegas. El orientalismo qua causó el
escándalo de sus seguidores fue una deducción necesaria de sus principios y no el resultado del
capricho o de la vanidad. Se acercó a la idea de una monarquía universal del lado de Grecia, pero
su objetivo final era establecer algo más alto qua la supremacía única de su pueblo. Su propósito
era combinar a igualar, no aniquilar: unir el Este y el Oeste en una justa unión, no esclavizar el
Asia a Grecia. El tiempo, en verdad, para qua esto fuera posible, no había llegado todavía, pero si
él no pudo realizar su gran objeto, preparó el camino para su realización.
La primera y más directa consecuencia de la política de Alejandro fue el debilitamiento
de las nacionalidades, la primera condición necesaria para la disolución de las antiguas
religiones. La rapidez de sus victorias, la incorporación constante de elementos extranjeros con
sus ejércitos, las terribles guerras y la variada suerte de sus sucesores, quebrantaron las barreras
qua habían separado un reino de otro, y abrieron el camino para conceptos más grandes de la
vide y de la fe de los qua hasta entonces habían sido posibles. El contacto del Este y del Oeste
dio forma práctica a pensamientos y sentimientos qua habían estado confinados a las escuelas. El
paganismo fue privado de vide al momento qua fue trasplantado más allá de los estrechos
límites, en los cuales había tornado forma. La extensión del comercio siguió al progreso de las
arenas, y el idioma y la literatura de los griegos vindicaron su pretensión de ser considerados
como la más perfecta expresión del pensamiento humano, llegando a ser prácticamente
universales.
Los judíos quedaron, a la vez, más expuestos a las poderosas influencias qua así fueron
llevadas al Oriente, y más capaces para sostenerlas. En el arreglo de las conquistas griegas qua
siguieron a la batalla de Ipso, (301 A. C.) , Judea quedó como el territorio frontero de los imperios
rivales de Siria y Egipto, y aunque necesariamente quedó sujeta a las constantes
vicisitudes de la guerra, pudo entrar en términos ventajosos con d Estado al cual estaba
subordinada, por las importantes ventajas qua ofrecía para el ataque y la defensa. Interiormente
también el pueblo estaba preparado para resistir los efectos de la revolución qua efectuó el
dominio griego. La constitución de Esdras había alcanzado pleno desarrollo. Una jerarquía
poderosa había logrado éxito en la substitución de la idea do una Iglesia por la de un Estado, y
los judíos podían ahora derramarse por todo el mundo, y sin embargo, permanecer fieles al Dios
de sus padres. El mismo cambio constitucional había fortalecido la posición intelectual y
religiosa del pueblo. Una rígida muralla de ritualismo protegió el torso de la vide común contra
las costumbres licenciosas de los griegos, y la gran doctrine de la unidad de Dios que ahora se
veía como el centro divino de su sistema, contrarrestó los atractivos de un panteísmo filosófico.
A través de un largo torso de discipline en el cual ellos habían carecido do la dirección de la
enseñanza profética, los judíos habían comprendido la naturaleza de su misión en el mundo y
estaban en espera de los medios para cumplirla. La conquista de Alejandro les proporcionó la
ocasión y el poder, pero al mismo tiempo el ejemplo de Grecia alimentó el ideal de la
independencia personal y nacional. El judaísmo se dividió rápidamente en sectas análogas a las
formas típicas de la filosofía griega, pero aun el rudo análisis de la antigua fe fue productivo de
mucho bien. La libertad de Grecia no fue un instrumento de menos valor cn la preparación de los
judíos para su obra final que el contemplativo espíritu de Persia, o la organización civil de Roma,
pues si la carrera de Alejandro fue rápida, sus efectos fueron duraderos. La ciudad a la cual dio
su nombre perpetuó por las edades el oficio que él providencialmente desempeñó pares el
judaísmo y para la humanidad, y el historiador del Cristianismo debe confirmar el juicio de
Arrio, que Alejandro, quien no era como ningún otro hombre, no pudo haber sido dado al
mundo sin el especial designio de la Providencia, y Alejandro mismo apreció este designio
mejor aún que su gran maestro, pues se dice que cuando Aristóteles le aconsejó que tratara a los
griegos como hombres libres y a los orientales como esclavos, encontró la verdadera respuesta a
este consejo en el reconocimiento de su divina misión de unir y reconciliar al mundo.
4.–Jaddua fue sucedido, algún tiempo antes de la muerte de Alejandro, por su hijo Onías
I, quien fue Sumo Sacerdote como desde 330 haste 309 A. C., o según Eusebio, 300 A. C. En la
división del Imperio de Alejandro, Palestina fue tratada como había sido siempre considerada por
los griegos, como una parte de Siria, de manera que le tocó en suerte a Laomedón, quien fue
despojado en 321-320 A. C., por Ptolomeo, el hijo de Lago, el poderoso sátrapa de Egipto.
Ptolomeo tomó Jerusalén por asalto en día de sábado, cuando los judíos no ofrecieron ninguna
resistencia; habiéndose llevado cautivos a muchos de los judíos y de los samaritanos a
Alejandría, en donde les concedió complete ciudadanía, habiendo emigrado otros muchos a
Egipto por voluntad propia, En las guerras que siguieron, Palestina fue el premio de la victorias y
es para Antígono, y es para Ptolongeo, hasta que la paz que siguió a la batalla de Ipso la asignó a
Ptolomeo con la Fenicia y la Celesiria como una dependencia del reino de Egipto, (301 A. C.) ,
habiendo quedado sujeta a los primeros cinco Ptolomeos por cerca de un siglo, de 301-198 A. C.
Los sufrimientos infligidos sobre Palestina y Fenicia por las guerras de los Diadochi como se
llamaron en griego los sucesores de Alejandro, se confinaron casi a las regiones marítimas,
donde las ciudades fuertes como Gaza. Jope y Tiro fueron los principales objetos de contención.
Como en las antiguas guerras entre Asiria y Egipto, Jerusalén quedó fuera del camino directo de
los combatientes.
5.–Precisamente después de la batalla de Ipso el sumo sacerdocio pasó a Simón I. el
Justo, hijo de Onías I (Como por 300-292 A. C.) . La tradición judaica lo hace la más grande de
la última línea de sacerdotes. En el magnífico elogio de Jesús, el hijo de Sirach, se dice que
Simón fortificó el templo doblando la altura de la muralla, y que sostuvo los servicios divinos en
el más alto esplendor. Cuando se ponía la túnica de honor, y se vestía con la perfección de la
gloria, cuando subía al santo altar hacía honorable la vestidura de la santidad. (Eclesiástico I.)
Otras tradiciones hacen a Simón el último superviviente de la Gran Sinagoga de 120, que
regresaron con Esdras de la cautividad de Babilonia, atribuyéndole haber dado fin a su gran obra,
el Canon del Antiguo Testamento. Estos fueron sucedidos por La Nueva Sinagoga, cuyo oficio
fue interpretar las Escrituras así completadas; su fundador fue Antígono Soco, el primer escritor
del Mishna. Se dice que éste recibió de Simón el Justo el cuerpo de tradición oral que se había
venido recibiendo desde Moisés. A él también se atribuye la doctrine de que Dios debe ser
servido desinteresadamente. y no por cause de la recompense, doctrine que fue pervertida por
uno de sus discípulos sosteniendo la negación de las recompenses y los castigos futuros. Este
discípulo fue Sadoc, el fundador de los Saduceos: sin embargo. hay que decir que la tradición no
tiene bastante evidencia y la etimología es bastante dudosa.
El cariño con que la tradición judaica consideró el sacerdocio de Simón come el mejor
período de la teocracia restaurada, se indica por los prodigios que se dice se presentaron al final
presagiando el desastre inminente. Los sacrificios que siempre fueron favorablemente aceptados
durante su vide. a su muerte vinieron a ser inciertos o desfavorables. El chive expiatorio que era
arrojado desde una roca a inmediatamente era reducido a pedazos escapó al desierto, lo que
constituyó un grave augurio. La gran luz occidental del candelero de ore no volvió s ardor con
una flama firme, sine que algunas veces se apagó. El fuego del sacrificio languideció y el pan
sacrificial se acabó, de manera que no bastó come antes, para todo el sacerdocio. (Milman.)
6. –Simón el Justo fue sucedido por su hermano Eleazar, pues su hijo Onías era menor de
edad, (292-251 A. C.) , y su prolongado gobierno parece haber sido profundamente tranquilo
bajo el gobierno suave de Ptolomeo I Soter, el hijo de Lago, y Ptolomeo II Filadelfo, quien
sucedió a su padre en 285 A. C., y reinó hasta 247 A. C.
A los gustos literarios de este rey y a la cooperación de Eleazar, la tradición preservada
por Aristeas atribuye la versión griega de las Sagradas Escrituras que se llama La Septuaginta.
por sus setenta o setenta y dos traductores. Mucho come hay de errónea y aun de fabuloso lo la
tradición, no puede caber dude de que la primera porción de la traducción fue hecha en esta
época en Alejandría por judíos eruditos. La obra marca una época importante en la historia
judaica, no meramente la incorporación de los Sagrados Escritos en una forma en la cual
pudieran actuar sobre el mundo gentil, sine en verdad, la creciente fuerza de aquellas influencias
que se denotan por el término general Helenismo. Las conquistas de Alejandro y los reinos
fundados por sus sucesores en el Asia Menor, Siria y Egipto, habían producido la más poderosa
infusión de población griega, de las costumbres, la literatura, el arte y la religión en toda el Asia
Occidental, y el griego estaba llegando a ser rápidamente una lengua universal en aquella región.
Los judíos de Egipto cuyo número era ya muy grande debido a numerosas inmigraciones, habían
llegado a helenizarse tanto que una versión griega de sus Escrituras era ya una necesidad, aparte
de la curiosidad de Ptolomeo. Así aconteció, en la Providencia divina, que el desarrollo del
Helenismo oriental preparó el camino para el extendimiento del Cristianismo, no solamente por
imbuir medio mundo con una civilización común y un lenguaje común, sine proveyendo en
aquel lenguaje las normas sagradas de la verdad divina, por las cuales las aspiraciones del Mesías
serían establecidas y las palabras de la cual El iba a cumplir. Pero, entretanto, aquel mismo
Helenismo trajo sobre los judíos una nueva serie de pruebas nacionales. Parece que los judíos de
Palestina pudieron verse libres de las tendencias helenizantes, por el tiempo pronto habría de
llegar cuando su exención no habría de ser preservada.
Por fin, después de los gobiernos sucesivos de sus tíos, Eleazar y Manasés, Onías II
asumió el Sumo Sacerdocio, en 240 A. C. Este puso en peligro la prolongada amistad con Egipto
por descuidar el pago del tributo anual de veinte talentos a Ptolomeo III Evergetes, quien sucedió
a su padre en 247 A. C. La irracional avaricia del Sumo Sacerdote condujo a la primera
interrupción de aquella bondadosa política que los primeros tres Ptolomeos habían tenido
uniformemente hacia Judea, y él se mostró bastante indolente para obedecer a la orden de
explicar su conducta, bajo amenaza de invasión. Una completa ruptura solamente se evitó por la
política del sobrino del Sumo Sacerdote, José, el hijo de Tobías, quien ofrece tan gran contraste
con su tío como Antipater y Herodes después con e) imbécil Hircano. José consiguió con algunos
ricos samaritanos el dinero necesario para su viaje y se trasladó a Alejandría en compañía de
ciertos comerciantes fenicios de quienes supo la suma que intentaban ofrecer por el contrato de
las contribuciones de Palestina, Fenicia y Celesiria. Habiendo logrado éxito en calmar a
Ptolomeo presentando la debilidad de Onías, José ofreció doblar la suma de 8,000 talentos que
los mercaderes habían ofrecido por el contrato del tributo, y cuando se le pidieron garantías,
nombró al mismo rey y a la reina seguro del progreso que ya había hecho en el real favor. Con
esto obtuvo el contrato, y mediante algunos casos severos como los de Ascalón y Scytópolis,
logró desempeñar su oficio estableciendo una autoridad civil lado a lado con la del Sumo
Sacerdote. Su gobierno duró por veintidós años y el poder que tuvo en el Estado vino a ser una
fuente de males tan grandes como el peligro de que había logrado salvarlo.
7. –Onías II murió en 226 A. C., y fue sucedido por su hijo Simón II, y cuatro años más
tarde la corona de Egipto pasó a Ptolomeo IV Filopator, (222-205 A. C.) Entretanto, el reino
rival de los Seléucidas en Siria había llegado a la cima de su poder, habiendo subido al trono el
más ambicioso de sus monarcas, Antioco III el Grande (223-187 A. C.), quien declaró la guerra a
Ptolomeo por las provincias de Fenicia, Celesiria y Palestina, pero fue derrotado en la batalla de
Rafia, cerca de Gaza, en 217 A. C. Después de esta victoria Ptolomeo fue a Jerusalén y no
contento con ofrecer sacrificios penetró al Lugar Santísimo, de donde se dice que salió
posesionado de un terror sobrenatural, expresando su resentimiento con una cruel persecución a
los judíos de Alejandría, la primera de tales medidas por cerca de 200 años, resultando de allí la
mala voluntad de los judíos, tanto de Palestina como de Egipto.
La muerte de Ptolomeo Filopator cuando su hijo Ptolomeo V Epifanes1 tenia sólo cinco
años de edad (205-181 A. C.) , proporcionó una nueva oportunidad para las ambiciones de
Antioco el Grande. Este rey que durante los últimos doce años había estado ocupado en sofocar
una revuelta en el Asia Menor y tratando en vano de recobrar las provincias más allá del Tigris
de los Partos y los Bactrianos, formó una liga con Felipe V de Macedonia para repartirse los
dominios de Ptolomeo, y después de una fiera lucha en que Judea sufrió mucho, Antioco vino a
ser el amo de Celesiria y Palestina, (198 A. C.) . Los judíos, que otra vez habían sido tratados
1 Este es el rey cuyo decreto de su coronación inscrito en la famosa Piedra de Rosetta proporcionó los
fundamentos para d arte de descifrar los jeroglíficos egipcios.
mal por Scopas, el general de Ptolomeo, recibieron a Antíoco como un libertador, quien les
concedió una subvención anual para sus sacrificios, y prohibió a los extranjeros que entraran en
el templo.
8. –En el mismo año, Simón fue sucedido en el sumo sacerdocio por su hijo Onías III,
(198-171 A. C.) Las provincias conquistadas fueron devueltas a Ptolomeo Epifanes como dote de
su prometida, Cleopatra, hija de Antíoco, pero el rey sirio no entregó la posesión y de nuevo las
hizo suyas mediante el tratado de Roma en 188 A. C. En el año siguiente perdió la vida. El autor
det II libro de los Macabeos coloca bajo su hijo y sucesor Seleuco IV Filopator, el intento de
Heliodoro de apoderarse de los tesoros del templo y su milagroso rechazamiento. La historia,
acerca de la cual Josefo nada sabe. ilustra la tendencia de los escritores apócrifos a adornar sus
libros con muy pobres imitaciones de los milagros que se registran en las Escrituras. Todo lo que
sabemos de cierto es que Onías apenas pudo retener el favor de Seleuco en contra de las
maquinaciones de Simón, el tesorero del templo, quien se dice que instigó el sacrilegio: y el
feudo sangriento que comenzó así entre los partidarios del Sumo Sacerdote y los de Simón
apresuró las calamidades que siguieron a la traslación de la supremacía a Siria.
El advenimiento de Antíoco IV Epífanes, (175-164 A. C.) aseguró el triunfo del partido
sirio en Judea. Este príncipe, cuya conducta, así como su fin, le granjearon el sobrenombre de
Epimanes (el loco) , había sido enviado por su padre Antíoco el Grande a Roma en calidad de
rehén, y regresó con un gran desprecio hacia sus súbditos unido al amor al lujo oriental que los
reyes de Siria habían adquirido. Halló al Sumo Sacerdote judío en Antioquía, a donde había ido
Onías para disipar las acusaciones de Simón, las que estaban apoyadas por la hostilidad de
Apolonio el gobernador de la Celesiria. El partido griego estaba representado no sólo por Simón
sino por el mismo hermano del Sumo Sacerdote, Josué, Quien pasta adoptó el nombre griego de
Jasón. Mediante nn enorme soborno en dinero y la promesa de un tributo actual, Jasón obtuvo el
Sumo Sacerdocio y Onías III fue depuesto y detenido en Antioquia. Por primera vez las
costumbres griegas se introdujeron en Jerusalén con un éxito que demuestra pasta qué grado los
judíos se habían helenizado en espíritu. No contento con renunciar a los privilegios del culto
libre obtenido de reyes anteriores, el descuido de los servicios del templo, Jasón edificó un
gimnasio en donde los jóvenes judíos practicaron los ejercicios griegos, y aun algunos llegaron
pasta a acabar con la marca de la circuncisión. Jasón también envió representantes a los juegos
quinquenales del Hércules Tirio, llevando grandes presentes, pero los enviados tuvieron
escrúpulos para ofrecerlos a los dioses paganos, y los entregaron para la construcción de barcos.
En tres años, sin embargo, Jasón, a su vez, cayó por has maquinaciones de Menelao,
(172-168 A. C.) a quien él había enviado a Antioquia con el tributo y quien obtuvo el sumo
sacerdocio lisonjeando la vanidad del rey y ofreciendo un altísimo cohecho. Regresó a Jerusalén
con la furia de un cruel tirano y la ira de una bestia feroz, refugiándose Jasón entre los amonitas.
Impotente para levantar el dinero que había prometido, Menelao fue llamado a Antioquia, a
donde acudió habiendo vendido antes algunos de los vasos del templo a los tirios a fin de
sobornar a Andrónico, quien gobernaba Antioquia durante la ausencia del rey en Cilicía. Onías,
el Sumo Sacerdote depuesto, estaba en Antioquia, acusó a Menelao de aquel sacrilegio y huyó en
busca de refugio a la gruta sagrada de Dafne, pero a instigaciones de Menelao Andrónico sacó a
Onías del santuario y lo mató. Antíoco, que estaba de regreso en este tiempo, movido a
compasión por la pureza de carácter de Onías, conociendo los planes traidorea de Andrónico
ordenó darle muerte. Entretanto, un gran tumulto estalló en Jerusalén a consecuencia de los
sacrilegios cometidos por Lisímaco, hermano y diputado de Menelao: Lisímaco fue muerto y
Menelao acusado delante de Antíoco quien llegó a Tiro en su camino a atacar a Egipto: pero
Menelao escapó mediante el cohecho y sus acusadores fueron castigados por la insurrección.
9.–Echemos una mirada a las relaciones de Siria con Egipto. Ptolomeo VI Filometor era
un niño cuando sucedió a su padre en 181 A. C., pero el gobierno fue hábilmente llevado por su
madre Cleopatra, la hermana de Antíoco Epífanes; la muerte de ella condujo a la guerra con Siria
y Antíoco dirigió cuatro campañas triunfales contra Egipto (171-168 A. C.), las cuales abandonó
por un enérgico mandato del embajador romano Popilio Laenas. Durante la segunda de estas
campañas se extendió la noticia de la muerte del rey, y Jasón atacó a Jerusalén a la cabeza de
1.000 hombres, refugiándose Menelao en la ciudadela, pero después de grandes crueldades en
contra de los ciudadanos, se vio obligado a huir entre los amonitas; luego escapó a Egipto, y
después a Esparta en donde buscó protección so pretexto de algún parentesco y pereció en tierra
extraña. Entretanto su intento tuvo las más extraordinarias consecuencias en la historia de los
judíos.
Antíoco creyó que Judea se había rebelado, idea que sin duda encendió Menelao para
deshacerse de sus enemigos, y el rey regresó a Egipto verdaderamente furioso, tomó Jerusalén
por asalto matando jóvenes y ancianos, mujeres y doncellas: en el conflicto cayeron cuarenta mil
y otros tantos fueron llevados a la esclavitud. Guiado por Menelao entró en el templo, profanó el
altar sacrificando un cerdo, y haciendo que cocieran parte de la carne roció con el caldo todo el
santuario, y contaminó con inmundicia el Lugar Santísimo. Sacó los vasos sagrados y otros
tesoros alcanzando todo la suma de 1.800 talentos y regresó a Antioquía dejando un salvaje
frigio, llamado Felipe, como gobernador de Jerusalén, y a Andrónico en Gerizim, en donde el
templo samaritano había sido profanado de la misma manera. Menelao, estigmatizado como el
peor de los tres, no vuelve a mencionarse en los libros de los Macabeos: su muerte bajo Antíoco
Eupator fue considerada como castigo de sus crímenes.
10. –Dos años más tarde, (168 A. C.) Antíoco desahogó sobre Judea la exasperación de
su destitución de Egipto. Tanto la pasión como la política deben haberlo urgido a destruir una
provincia que le era enteramente desafecta y que de seguro pronto caería en poder de Egipto.
Apolonio, el viejo enemigo de los judíos, fue enviado a Jerusalén a la cabeza de 22,000 hombres
con ordenes de matar a todos los hombres y coger a todas las mujeres y los niños. Pretendiendo
que su misión era amigable esperó hasta el día sábado y entonces cayó sobre el pueblo que no
podia resistirle, llevando a cabo una espantosa matanza: la ciudad fue saqueada a incendiada: las
fortificaciones fueron desmanteladas, y se erigió una torre en el Monte Zión, dominando la
ciudad y el templo, y de allí salían los vigilantes sobre todos los que se atrevían a it al santuario
desierto. Luego siguió una de las más duras persecuciones registradas en la historia de la
religión. Antíoco lanzó un edicto ordenando la uniformidad del culto en todos sus dominios y
encomendó el cumplimiento del edicto en Samaria y Judea a un anciano llamado Ateneo, uno de
esos fanáticos producto del paganismo. En Antíoco mismo puede trazarse en su carácter un
fuerte elemento de ese fanatismo. Entretanto que su vivo y versátil temperamento griego,
educado en las ideas romanas de poder, y corrompido por el lujo oriental lo condujo a entregarse
a todos los vicios para los cuales el despotismo proporcionaba los medios –una vez andando de
juerga en las canes de Antioquia con alegres compañeros, y otra en correrías buscando fingidos
votos para las magistraturas de Roma–, fue un desprendido y fanático sostenedor del culto
griego. Dice el Dean Milman: los adoradores de la dulzura de la religión griega y que suponen
que era desconocida la persecución religiosa antes de la era del Cristianismo harán bien en
considerar el imperdonable y bárbaro intento de Antíoco de exterminar la religión de los judíos y
substituirla con la de los griegos.
Los samaritanos se sometieron sin resistencia y su templo sobre el Monte Gerizim fue
dedicado a Zeus Xenius, mientras en Jerusalén Ateneo comenzó su obra convirtiendo el
santuario en un templo de Zeus Olímpico. Los patios fueron profanados con las más licenciosas
orgías; el altar fue cubierto de abominables ofrendas; y la vieja idolatría de Baal se restableció en
la forma obscena en que había sido llevada a Grecia: las bacanales fálicas de Dionisios. Las
copias del Libro de la Ley fueron destruidas o profanadas con pinturas paganas obscenas. La
práctica de los ritos judíos y la negativa de sacrificar a los dioses griegos fueron castigarlas con
la muerte; dos mujeres que habían circuncidado a sus hijos fueron llevadas en torno de la ciudad
con sus niñitos colgando del pecho y luego arrojadas del muro. Algunas gentes piadosas se
habían ido a una cueva para guardar el sábado y fueron quemadas por Felipe. La forma favorita
de compulsión empleada por los perseguidores fue tratar de hacerlos comer carne de cerdo y dos
casos particulares de heroica resistencia hacen una de las más brillantes páginas del martirologio
judío y cristiano. Un jefe de los escribas llamado Eleazar, venerable anciano de noventa años de
edad, cuando a fuerza le metieron en la boca un pedazo de carne de cerdo, la escupió y
voluntariamente se entregó al tormento. Sus atormentadores, viendo su obstinación, redoblaron
su crueldad y cuando estaba expirando bajo los golpes, clamó: Es manifiesto a Jehová, quien
tiene el canto conocimiento, que habiendo podido líbrarme de la muerte, soporto los agudos
dolores del cuerpo al ser golpeado, pero en el alma estoy muy contento de sufrir estas cocas
porque temo a Jehová. Algunos escritores cristianos han llamado a éste el protomártir del
Antiguo Pacto.
Otros sufrieron juicios escarnecedores y azotes. Tal fue la suerte de siete hermanos que
juntamente con su madre fueron llevados a la presencia del rey, y habiéndose rehusado a comer
carne de cerdo, fueron puestos a muerte en medio de insultos soeces y crueles tormentos. Desde
el mayor hasta el menor mostraron no sólo constancia y fidelidad sino espíritu de triunfo. y la
madre, después de alentar a cada uno sufrió al último la muerte. Las atrocidades cometidas en
Jerusalén fueron iguales a las que se cometieron en el campo; pero en medio de esta crisis,
cuando el culto y el pueblo de Jehová parecían marchar a su extinción, una nueva luz se levantó
para ambos, y los resultados mostraron cuan necesario fue el bautismo de fuego para purificar al
pueblo de la corrupción del Helenismo.
Entretanto el perseguidor mismo vino a ser un señalado ejemplo de la retribución que
espera al poder despótico y a la pasión que no reconoce freno. Estaba él en las provincias
orientales cuando supo de la rebelión en Judea y de la derrota de su general Lysias y se apresuró
a regresar para vengar aquella desgracia atacando un templo en Elymais, el mero sitio en que su
padre había perdido la vida en un intento semejante. L a mortificación de haber sido rechazado
parece que llevó al colmo la locura que generalmente engendra el despotismo, y murió en medio
de arranques de verdadera furia en Tabae, Persia, en 164 A. C. Su fin fue considerado por
griegos y por judíos como el juicio sobre sus sacrílegos crímenes, habiendo dejado a la historia
un nombre tan odioso como el de Nerón, con cuyo carácter Antíoco tuvo muchos puntos de
contacto.