kevin_j._anderson_-_la_busqueda_del_jedi 1.06 Mb
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El cúmulo de agujeros negros que se desplegaba cerca de Kessel extendió sus colosales mandíbulas de gravedad hacia el Halcón Milenario, atrayéndolo hacia él. Todavía se encontraban en la deslumbrante confusión llena de puntitos luminosos del hiperespacio, pero aun así Han Solo podía distinguir la inmensa distorsión bajo la forma de un torbellino repleto de sombras y manchas que intentaba aspirarlos hacia el infinito.
-¡Eh, Chewie! ¿No te parece que estamos demasiado cerca? -Clavó la mirada en el
ordenador de navegación del Halcón, deseando que hubieran escogido un curso distinto
que les mantuviese lo bastante lejos de las Fauces para no correr ningún peligro-. ¿Qué
crees que es esto, una misión de contrabando como las de los viejos tiempos? Esta vez
no tenemos nada que ocultar.
Chewbacca pareció levemente desilusionado y gruñó una excusa junto a Han mientras
agitaba sus peludas manazas en la sofocante atmósfera de la cabina.
-Bueno, estamos llevando a cabo una misión oficial, así que se acabó el andar
escondiéndose… Intenta comportarte de la manera más digna y solemne posible, ¿de
acuerdo?
Chewbacca bufó una réplica impregnada de escepticismo, y se volvió hacia sus pantallas
de navegación.
Volver a los lugares que tanto había frecuentado en el pasado estaba haciendo que Han
sintiera una leve punzada de nostalgia y se acordara de la época en que se encontraba al
otro lado de la ley, cuando se dedicaba al tráfico de especia y era perseguido por las
patrulleras del Imperio, aquellos tiempos en que había llevado la existencia
despreocupada y carente de complicaciones de un hombre libre.
Han y Chewbacca casi habían perdido la quilla del Halcón durante una de aquellas
misiones frenéticas cuando tomaron por un atajo y se aproximaron al cúmulo de agujeros
negros de las Fauces hasta quedar mucho más cerca de él de lo que jamás se había
hecho en toda la historia de la navegación espacial. Los pilotos que tenían una pizca de
sentido común evitaban aquella zona y utilizaban rutas más largas que mantenían a sus
naves lejos de los agujeros negros, pero la gran velocidad que era capaz de alcanzar el
Halcón les había llevado sanos y salvos hasta el otro lado, permitiéndoles llegar hasta
Kessel en una ruta de menos de doce parsecs. Aun así, esa misión «de éxito
garantizado» había terminado en el desastre a pesar de todas las seguridades que les
habían dado, y Han tuvo que lanzar su cargamento de especia al vacío un instante antes
de ser abordado por los imperiales.
Pero esta vez Han volvía a Kessel en circunstancias muy distintas. Leia, su esposa. le
había nombrado representante oficial de la Nueva República. De hecho, y aunque el título
parecía vagamente honorífico, ese nombramiento le convertía en una especie de
embajador.
Pero incluso un título honorario tenía sus ventajas. Han y Chewbacca ya no tenían que
esquivar a las patrulleras, deslizarse por entre los agujeros de las redes de vigilancia
planetaria o utilizar el compartimiento secreto que había debajo de las planchas de la
cubierta. Han Solo se encontraba en la improbable e incómoda posición de ser un hombre
respetable. En realidad, no había ninguna otra palabra para definirla.
Pero las nuevas responsabilidades de Han consistían en algo más que pequeñas
molestias inesperadas y pintorescas. Estaba casado con Leia -¿quién hubiera podido
imaginárselo?- y tenía tres hijos.
Han se recostó en su sillón de pilotaje y juntó las manos detrás de la cabeza mientras
permitía que una sonrisa entre sarcástica y melancólica apareciera en sus labios. Veía a
los chicos tan a menudo como podía, visitándoles en el aislamiento protector en un
planeta secreto, y los gemelos llegarían a Coruscant dentro de una semana. Anakin, el
bebé, había hecho que Han se sintiera lleno de un respetuoso asombro mientras le hacía
cosquillas en sus diminutas costillas y veía cómo una expresión de diversión aparecía en
su rostro.
¿Han Solo convertido en una figura paterna? Hacía mucho tiempo Leia había dicho que le
gustaban los «hombres que habían sentado la cabeza»… ¡y Han estaba pasando por ese
proceso!
Vio por el rabillo del ojo que Chewbacca le estaba mirando. Han un poco incómodo, se
irguió en el asiento, bajó la mirada hacia los controles y los contempló con el ceño
fruncido.
-¿Dónde estamos? -preguntó-. ¿No crees que ya va siendo hora de que finalicemos el
salto?
Chewie dejó escapar un gruñido afirmativo y extendió una manaza peluda hacia los
controles hiperespaciales. El wookie contempló cómo los números se iban sucediendo en
su panel de control, y cuando llegó el momento adecuado tiró hacia atrás de la palanca
que devolvería el Halcón al espacio normal. Los puntitos multicolores del hiperespacio se
alargaron repentinamente convirtiéndose en líneas estelares con un rugido que Han sintió
más que oyó, y un instante después se encontraron rodeados por el esperado tapiz de
estrellas.
Detrás de ellos el espectáculo de las Fauces hacía pensar en una abigarrada pintura
hecha con los dedos, una imagen creada por el gas ionizado que se precipitaba en los
múltiples agujeros negros. Han vio el destello blanco azulado del sol de Kessel
directamente delante del Halcón. La nave giró para alinearles con la elíptica y Kessel se
hizo visible, una especie de patata envuelta por la aureola de los zarcillos de atmósfera
fugitiva alrededor de la cual orbitaba una luna de grandes dimensiones que en tiempos
había albergado una guarnición de soldados imperiales.
-Justo en el blanco, Chewie -dijo Han-. Bien, y ahora deja que coja los controles…
Kessel parecía un sudario que se desplazaba lentamente a lo largo de su órbita, y como
masa planetaria era demasiado pequeña para poder retener una atmósfera propia.
Inmensas factorías generadoras procesaban continuamente la roca para liberar oxígeno y
dióxido de carbono, lo que hacía posible sobrevivir en el exterior sólo con máscaras
respiradoras y eliminaba la necesidad de utilizar trajes ambientales completos. Una parte
considerable de la atmósfera recién manufacturada escapaba al espacio, esparciéndose
en forma de hilachas detrás del pequeño planeta como si fuese la cola de un cometa
gigante.
Chewbacca ladró un breve comentario nasal y Han asintió con la cabeza.
-Sí, visto desde aquí arriba tiene un aspecto soberbio… Es una pena que cambie tanto
cuando lo ves de cerca, ¿verdad? Ese planeta nunca me ha gustado mucho.
Kessel era uno de los grandes productores de especia y sede de una considerable
actividad de contrabando, y también acogía una de las prisiones más duras de la galaxia.
El Imperio había controlado toda la producción de especia salvo por las pequeñas
cantidades que los contrabandistas lograban robar ante las narices de los imperiales, pero
los contrabandistas y los prisioneros de la Institución Penitenciaria Imperial se habían
adueñado del planeta después de la caída del Emperador. Kessel había hecho todo lo
posible para no verse afectado por las depredaciones del Gran Almirante Thrawn y la
reciente insurrección del Emperador, el planeta había intentado pasar desapercibido, no
había hecho nada que pudiera atraer la atención y no había respondido a ninguna petición
de auxilio, viniera de quien viniera.
Un prolongado gruñido gutural retumbó en la garganta de Chewie. Han suspiró y meneó la
cabeza.
-Oye, viejo amigo, a mí tampoco me hace ninguna gracia tener que volver ahí… Pero
ahora las cosas son muy distintas, y somos las personas más adecuadas para la misión.
Con la guerra civil terminada por fin y la Nueva República firmemente asentada una vez
más en Coruscant, lo que había dejado como único factor de desorden a grupitos de
naves imperiales que luchaban entre ellos, había llegado el momento de reabrir las
negociaciones. «Tenerlos de nuestro lado es preferible a permitir que vendan su
mercancía donde puedan -pensó Han-, aunque de todas maneras probablemente es justo
lo que acabarán haciendo…» Mara Jade, que había causado tantos problemas a Luke en
el pasado, se había convertido en representante de los nuevos contrabandistas unificados
y había intentado ponerse en contacto con Kessel, pero sólo había obtenido una tajante
negativa a hablar.
El Halcón Milenario seguía aproximándose a Kessel, y las toberas de proa se activaron
para ayudarles a sincronizar su avance con el movimiento del planeta y preparar la
inserción en su órbita. Han fue siguiendo su aproximación por las pantallas del puesto de
mando.
-Vector de entrada -dijo.
Chewie emitió un rápido comentario en wookie y señaló las pantallas. Han bajó la mirada
y vio unos puntitos en órbita alrededor del planeta que estaban emergiendo de la capa de
nubes de la atmósfera.
-Los veo -dijo-. Parece que hay una media docena de naves, pero están demasiado lejos
para determinar de qué tipo son.
Han movió una mano desdeñando el gruñido de inquietud lanzado por Chewie.
-Bueno, nos limitaremos a decirles quiénes somos… No te preocupes. ¿Por qué crees que
Leia se tomó tantas molestias para conseguirnos las señales de identificación diplomática
oficiales y todo lo demás?
Han activó la baliza de la Nueva República, y ésta empezó a lanzar automáticamente su
identificación en básico y varias lenguas más. Para gran sorpresa suya, las naves en
órbita cambiaron su vector al unísono e incrementaron su velocidad para interceptar al l
Halcón.
-iEh! -gritó. y un instante después se dio cuenta de que no había conectado el circuito de
audio. Chewie rugió. y Han movió el interruptor-. Aquí Han Solo, de la nave de la Nueva
República Halcón Milenario. Venimos en misión diplomática… -Su mente funcionaba a
toda velocidad, preguntándose qué palabras utilizaría un auténtico diplomático-. Eh…
Tengan la bondad de exponer sus intenciones.
Las dos naves más cercanas se estaban aproximando con gran rapidez, y fueron
aumentando de tamaño hasta convertirse en dos puntos luminosos primero y adquirir
forma después.
-Creo que será mejor que levantes nuestros escudos deflectores delanteros. Chewie. Esto
me huele bastante mal…
Han alargó la mano hacia el interruptor del circuito de comunicaciones mientras
Chewbacca subía los escudos, pero después alzó la mirada hacia la ventanilla central.
Las dos naves venían hacia él rugiendo a una velocidad increíble, y se estaban separando
para colocarse una a cada lado del Halcón. Ver sus paneles solares cuadrados y los
compartimentos de pilotaje centrales hizo que la sangre de Han se convirtiera en agua
helada.