Un llamado a la pureza

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En Un llamado a la pureza encontramos un mensaje que hoy se necesita en todas partes del mundo. El ser puro, y mantenerse puro, sólo se logra pagando un precio: el de conocer a Dios y de amarlo lo suficiente para hacer su voluntad. El Señor siempre nos dará la fuerza que necesitamos para guardar la pureza como algo hermoso para Dios. La pureza es el fruto de la oración. Si los miembros de la familia oran juntos, se mantendrán en unidad y pureza y se amarán los unos a los otros como Dios ama puro es el portador del amor de Dios, y donde hay amor, hay unidad, gozo y paz.

La Madre Teresa de Calcuta.
Noviembre de 1995

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1. A imagen de Dios
Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como
semejanza nuestra; y manden en los peces del mar, en las aves de los cielos,
en las bestias, en todas las alimañas terrestres y en todas las sierpes que
serpean por la tierra. Y creó Dios al ser humano a su imagen, a imagen de
Dios lo creó; macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y díjoles: Sed
fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra, y sometedla.
Génesis 1.26-28
En el primer capítulo de la historia de la creación, leemos que Dios
creó a la humanidad –
tanto varón como hembra –
a su propia imagen,
y que Él los bendijo y les mandó que fueran fructíferos y que
cuidaran la tierra. Desde un principio, Dios se muestra como el Creador
que «vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran
manera». Aquí, al principio de la Biblia, Dios nos revela su corazón.
Aquí descubrimos el plan de Dios para nuestras vidas.
Muchos, si no la mayoría, de los cristianos del siglo veinte desechan
la historia de la creación, considerándola un mito. Otros insisten que
sólo es válida la interpretación más estricta y más literal de Génesis.
Yo simplemente tengo reverencia por la palabra de la Biblia tal como
es. Por una parte, no consideraría desechar con argumentos ninguna
parte de las Sagradas Escrituras. Por otra parte, creo que los científicos
tienen razón al advertirnos que la Biblia no se debe tomar demasiado
Un Llamado a la pureza
A Imagen de Dios
literalmente. Según dice San Pedro: «Para con el Señor un día es como
mil años, y mil años como un día» (2 Pedro 3.8).
La imagen de Dios nos hace seres singul ares
La manera exacta en que fueron creados los seres humanos seguirá siendo
un misterio que sólo el Creador puede revelar. Sin embargo, estoy
seguro de una cosa: ninguna persona puede encontrar significado ni
propósito sin Dios. En vez de desechar la historia de la creación simplemente
porque no la entendemos, debemos encontrar su verdadero
significado profundo y volver a descubrir su pertinencia para nosotros
hoy.
En nuestra época degenerada, casi se ha perdido completamente la
reverencia para el plan de Dios según se describe en el libro de Génesis.
No apreciamos lo suficiente el significado de la creación: la importancia
tanto del hombre como de la mujer como criaturas formadas a la
imagen y semejanza de Dios. Esta semejanza nos distingue de manera
especial del resto de la creación y hace que toda vida humana sea sagrada
(cf. Génesis 9.6). Ver la vida desde cualquier otro punto de vista, por
ejemplo, es considerar a los demás solamente en base a su utilidad, y no
como Dios los ve; significa ignorar su valor y dignidad innata.
¿Qué significa la creación «a imagen de Dios»? Significa que debemos
ser una ilustración viviente de la persona de Dios. Significa que somos
colaboradores que comparten su obra de crear y alimentar la vida.
Significa que pertenecemos a Dios, y que nuestro ser, nuestra misma
existencia, siempre debe mantenerse relacionado con Él y estar bajo su
autoridad. En el momento en que nos separemos de Dios, perdemos de
vista nuestro propósito aquí en esta tierra.
En Génesis leemos que tenemos el espíritu viviente de Dios: «Entonces
Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su
nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2.7). Al
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A Imagen de Dios
darnos su espíritu, Dios nos convirtió en seres responsables que tienen
la libertad de pensar y actuar, y de hacerlo con amor.
Sin embargo, aun si poseemos un espíritu viviente, seguimos siendo
sólo imágenes del Creador. Y si consideramos la creación desde un punto
de vista enfocado en Dios, y no en los seres humanos, entenderemos
nuestro verdadero lugar en su orden divino de la vida. La persona que
niega que tiene su origen en Dios, que niega que Dios es una realidad
viviente en su vida, pronto se perderá en un vacío terrible. Por fin, se
encontrará atrapada en una autoidolatría que trae consigo el desprecio
propio y un desprecio hacia el valor de los demás.
Todos anhelamos lo imperecedero
¿Qué seríamos si Dios no hubiera soplado en nosotros su aliento de
vida? Toda la teoría de evolución de Darwin, fuera de contexto, es peligrosa
e inútil porque no está enfocada en Dios. Algo dentro de cada
uno de nosotros se rebela contra la idea de que hemos sido producidos
por un universo sin ningún propósito. Dentro de lo más profundo del
espíritu humano existe la sed de conocer lo que es perdurable e imperecedero.
Ya que somos creados a la imagen de Dios, y Dios es eterno, no podemos,
al final de la vida, desvanecernos simplemente como el humo.
Nuestra vida está arraigada en la eternidad. Christoph Blumhardt2 escribe:
«Nuestras vidas llevan la marca de la eternidad, del Dios eterno
que nos creó para ser su imagen. Él no quiere que nos inundemos en lo
transitorio, sino que nos llama a sí mismo, a lo que es eterno».3
Dios ha colocado la eternidad en nuestros corazones, y en lo más
profundo de cada uno de nosotros existe un anhelo por la eternidad. Si
negamos esto y vivimos sólo por el presente, todo lo que nos sucede en
la vida quedará cubierto de conjeturas tormentosas, y seguiremos profundamente
insatisfechos. Ninguna persona, ningún arreglo humano,
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A Imagen de Dios
jamás puede llenar el anhelo de nuestras almas.
La voz de la eternidad habla más claramente en nuestra conciencia.
Por eso la conciencia es, quizás, el elemento más profundo dentro de
nosotros. Nos advierte, despierta y dirige en la tarea que nos ha dado
Dios (cf. Romanos 2.14-16). Y cada vez que se hiere el alma, nuestra
conciencia nos acusa con vehemencia. Si le hacemos caso a nuestra
conciencia, nos puede guiar. Sin embargo, cuando estamos separados
de Dios, nuestra conciencia titubeará y se descarriará. Esto le sucede no
sólo a una persona, sino también a un matrimonio.
Desde ya en el capítulo 2 de Génesis, leemos acerca de la importancia
del matrimonio. Cuando Dios creó a Adán, dijo que todo lo que
había hecho era bueno. Luego creó a la mujer para ser una ayuda y
colaboradora del hombre, porque vio que no era bueno que el hombre
estuviera solo. Este es un misterio profundo: el hombre y la mujer –
lo
masculino y lo femenino –
deben estar juntos para formar un cuadro
completo de la naturaleza de Dios y ambos se pueden encontrar en Él.
Juntos llegan a ser lo que ninguno de ellos podría ser solo y separado.
Todo lo que Dios ha creado nos ayuda a entender su naturaleza:
las montañas majestuosas, los océanos inmensos, los ríos y las grandes
expansiones de agua; las tormentas, los truenos y relámpagos, los
grandes témpanos de hielo flotante, los campos, las flores, los árboles
y helechos. Hay poder, aspereza y hombría, pero también hay ternura,
calor materno y sensibilidad. Y así como las diferentes formas de vida
en la naturaleza no existen aisladas unas de otras, así también los hijos
de Dios, varón y hembra, no existen a solas. Son diferentes, mas los dos
fueron creados a la imagen de Dios y se necesitan el uno al otro para
realizar sus verdaderos destinos.
Cu ando se desfigura la imagen de Dios, las relaciones
personales de la vida pierden su propósito
Es trágico que en muchos aspectos de la sociedad actual, las diferencias
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A Imagen de Dios
entre el hombre y la mujer han quedado borrosas y distorsionadas. La
imagen pura y natural de Dios se está destruyendo. Se habla interminablemente
de la igualdad entre el hombre y la mujer, pero en realidad,
las mujeres son maltratadas y explotadas ahora más que nunca. En el
cine, en la televisión, en revistas y en carteleras, la mujer ideal (y, cada
vez más, el hombre ideal) se muestra como un simple objeto sexual.
Ya no son sagrados los matrimonios de nuestra sociedad. Cada vez
más se consideran como experimentos o como contratos entre dos personas
que miden todo en base a sus propios intereses. Y cuando fracasan
los matrimonios, siempre existe la alternativa de un «divorcio sin
culpa», y después se intenta otro matrimonio con una nueva pareja.
Muchas personas ya ni siquiera se molestan en hacer promesas de fidelidad;
simplemente viven juntos. Se desprecia a las mujeres que dan a
luz y se dedican a sus hijos o que siguen casadas con un solo hombre.
Y aun cuando su matrimonio es saludable, a menudo se ve a la mujer
como víctima de la opresión y se supone que necesita ser «rescatada»
del dominio de su esposo.
Tampoco se aprecia a los hijos como algo de valor. En el libro de
Génesis, Dios mandó: «Fructificad y multiplicaos.» Hoy evitamos la
«carga» de los hijos no deseados por medio del aborto legal. Los niños
son una molestia; cuesta demasiado traerlos al mundo, criarlos, y darles
una educación universitaria. Representan una carga económica para
nuestras vidas materialistas. Tampoco disponemos del tiempo necesario
para amarlos de verdad.
No nos debe sorprender, entonces, que tantas personas de nuestros
tiempos hayan perdido la esperanza. Que también hayan perdido la
ilusión de encontrar un amor perdurable. La vida ha perdido su valor;
se ha convertido en algo barato; las personas ya no la consideran como
un regalo de Dios. Sin embargo, la verdad es que, sin Dios, la vida es
como la muerte, y sólo quedan tinieblas y la herida profunda de vivir

3 comentarios en “Un llamado a la pureza”

  1. Un llamado a la Pureza
    Magnifico relato biblico sobre un propósito de vida en esye mundo para acanzar la vida eterna

Los comentarios están cerrados.

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