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Es una obra de teatro poética de autor Pedro Calderón de la Barca.
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JORNADA PRIMERA
Suenan por una parte cajas, y por otra instrumentos
músicos, y mientras dicen los primeros versos, sale
DIÓGENES, viejo venerable, vestido pobremente, con una
botija de barro en la mano
UNOS: El grande Alejandro viva… Dentro
MÚSICA: Viva el gran Príncipe nuestro…
UNOS: cuyos lauros…
MÚSICA: cuyos triunfos…
UNOS: siempre invictos…
MÚSICA: siempre excelsos…
UNOS: a voces van diciendo…
MÚSICA: que a su imperio le viene el mundo
estrecho.
TODOS: s todo el mundo es línea de su imperio.
ALEJANDRO: Haga el ejército alto Dentro
en estos campos amenos,
a vista de Atenas, griega
patria de ciencias e ingenios.
UNO: Haga repetida salva Dentro
la música, confundiendo
en instrumentos sonoros
militares instrumentos.
Toca la caja
UNOS: Alto, y pase la palabra.
OTROS: Alto, y prosigan los versos.
TODOS: El grande Alejandro viva,
viva el gran Príncipe nuestro.
DIÓGENES: ¡Qué contrarias armonías,
en no contrarios acentos,
aquí de estruendos marciales,
aquí de dulces estruendos,
la esfera del aire ocupan,
hasta penetrar el centro
deste pobre albergue, donde
yo, reino y rey de mí mesmo,
habito sólo conmigo,
conmigo solo contento!
Mas ¿quién me mete en dudarlo,
sea lo que fuere, puesto
que no me puede añadir
ni gusto ni sentimiento
el saber con qué razón
su media razón del eco
suena en su cóncavo espacio
una y otra vez diciendo:
Cantan DIÓGENES y TODOS
TODOS: que a su imperio le viene el mundo estrecho,
pues todo el mundo es línea de su imperio.
Sale CHICHÓN
CHICHÓN: Por esta parte me dicen
que una fuente hay, y aunque tengo
trabada lid con el agua
por haber mi casa hecho
alïanza con el vino,
la he de buscar con todo eso;
que el cansancio con que entramos
en Grecia marchando, muertos
de sed y calor, bien puede
honestar la tregua, siendo
en Grecia agua mi socorro
mientras no hallo vino greco.
¿Por dónde irá la bellaca?
Pero aquí hay gente. — Buen viejo,
decidme hacia dónde corre
una fuente, que deseo,
por más que corra, alcanzarla,
bien que dudando y temiendo,
cuando la busco rabiando,
el que la he de hallar riendo.
DIÓGENES: Venid conmigo, que yo
allá voy, a cuyo efecto
me halláis, ya lo veis, cargado
deste rústico instrumento.
CHICHÓN: «Moza de cántaro» ya
dijo no sé qué proverbio;
viejo de cántaro, no
lo dijo hasta hoy; pues ¿qué es esto?
¿No hay quien venga en vuestra casa
por agua sino vos?
DIÓGENES: Necio
debéis de ser.
CHICHÓN: ¿Y de qué
lo inferís?
DIÓGENES: De que, si puedo
servirme yo a mí, culpéis
que otro no me sirva, puesto
que sólo está bien servido
el que se sirve a sí mesmo.
CHICHÓN: ¿Mal fardado y sentencioso,
pobretón y circunspecto?
¿Sois filósofo?
DIÓGENES: No sé
más de que quisiera serlo.
CHICHÓN: Pues, en tanto que llegamos,
decid, ansí os guarde el cielo,
¿cómo, cuando estas campañas
están con tantos diversos
aplausos de paz y guerra
cubiertas, vos, acudiendo
a tan civil ejercicio,
vais penetrando lo espeso
destos montes, apartado
de tanto heroico comercio,
sin que la curiosidad
os lleve siquiera a verlo?
DIÓGENES: Pues ¿qué hay que ver?
CHICHÓN: ¿Qué hay que ver?
Cuando no fuera el inmenso
aparato, con que vuelve,
coronado de trofeos,
un ejército triunfante
de toda Persia, trayendo
prisioneras a las hijas
de Darío, su supremo
rey, que, puesto en fuga, él solo
escapó su vida huyendo;
cuando no fuera el aplauso
con que le recibe el pueblo
en estas montañas, donde
ha de alojarse este invierno;
¿el ver no más a Alejandro
no bastaba, a cuyo esfuerzo,
como estas canciones dicen,
viene todo el mundo estrecho,