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Cale Anderson recibió una invitación para una excursión a Colorado. Y no sabía muy bien como, había aceptado ir. Y allí estaba, viendo como dos mujeres se rebajaban una a la otra. Siendo una escritora dedicada a los asesinatos, aquella excursión le estaba dando muchas ideas para sus próximos libros… Y para colmo, aquel vaquero que fue a recogerlas al aeropuerto parecía hipnotizado por esta mujer.
Kane Taggert había recibido una llamada de su madre, y se había visto obligado a aceptar guiar esa excursión. El mayor inconveniente era esa mujer, Cale Anderson, que no paraba de crear problemas… Pero el destino les preparaba a ambos la misma sorpresa.
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Capitulo I
Sobre el escritorio de Kane Taggert había un teléfono con un tablero de seis botones, todos los cuales estaban encendidos, pero cuando sonó su línea privada, conectó la línea número seis y esperó. Esa línea privada era para su familia y cualquiera que estuviera relacionado con sus dos pequeños hijos.
-Mamá -dijo, dándose vuelta en la silla para mirar la línea del horizonte de Nueva York-, qué placer inesperado. -No preguntó, pero sabía que su madre deseaba o necesitaba algo: si sólo quería charlar, no lo llamaba mientras estaba abierta la Bolsa.
-Tengo que pedirte un favor.
Kane no gimió, aunque sintió ganas de hacerlo. Hacía cinco meses su hermano mellizo se había casado y, desde entonces, su madre se había mostrado implacable en sus esfuerzos por casar a Kane, su hijo viudo.
-Creo que necesitas unas vacaciones.
Ante eso, Kane sí gimió. Miró el tablero y vio que la línea número cuatro empezaba a titilar, lo cual significabaque Tokio quería comunicarse.
-Cuéntame, mamá -dijo-. ¿ Qué nueva tortura planeaste para mí?
-Tu padre no anda muy bien y…
-Iré para allá.
No, no, nada de eso, Es sólo que su buen corazón lo puso en una situación incómoda y prometí ayudarlo a salir de ella.
Ese era un hecho común en casa de sus padres, Su padre a menudo se ofrecía a ayudar a la gente y se esforzaba demasiado. En un intento por protegerlo, su esposa muchas veces había tenido que hacer de mala para anular su ofrecimiento.
-¿Ahora qué hizo? -preguntó Kane mientras la línea número cuatro se apagaba,
-Ya conoces a nuestro vecino Clem, -Comenzó a explicar quién era Clem para indicar que Kane no visitaba la casa paterna desde hacía tanto tiempo que podría haberse olvidado de un conocido de toda la vida, -A menudo lleva a gente del Este a hacer campamentos, ¿te acuerdas? En fin, el mes pasado llevó a seis hombres y, bueno, fue un poco duro para él, Clem está envejeciendo y esas subidas le resultan difíciles.
Kane no dijo ni una palabra, Clem era tan fuerte y resistente como un potro salvaje, y él sabía muy bien que la salud del vecino no tenía nada que ver con lo que su madre quería que él hiciera.
– En fin, tu padre se ofreció a llevar al siguiente grupo de viajeros
Clem también era bastante tramposo, de modo que si había persuadido engañosamente a Ian Taggert de llevar al siguiente grupo, alguna razón tendría,
-Era un grupo de pesados, supongo,
Pat Taggert suspiró.
-De lo peor. Quejosos, Con miedo de los caballos. El jefe les había "solicitado" que fueran, y no querían estar allí. -La peor clase, ¿ Y de qué convenció Clem a papá esta vez?
Kane percibió algo de enojo en la voz de Pat cuando ella volvió a hablar.
-Parece que Clem supo que el siguiente contingente de turistas era de la misma compañía, sólo que, Kane,..
-¿Cuál es la mala noticia?
-¡Son mujeres! Clem lo supo y le pidió a tu padre que pasara dos semanas como guía de cuatro reacias mujeres de Nueva York en una cabalgata deportiva. ¡Te imaginas! Oh, Kane, no puedes".
Kane se echó a reír .
-Mamá, nunca vas a ganar un Oscar, de modo que termínala de una vez. Quieres que yo, tu hijo viudo, tu pobre y solitario hijo viudo, pase dos semanas con cuatro jóvenes solteras y tal vez encuentre una madre para sus hijos.
-En resumen, sí -admitió Pat, irritada-, ¿ Cómo esperas conocer a alguien si te pasas todo el tiempo trabajando? Esas cuatro mujeres viven en Nueva York, donde tanto tú como Mike han elegido vivir y…
A través de la línea telefónica sisearon mudos reproches porque Kane y su hermano habían abandonado la casa paterna y habían arrancado a los nietos pequeños del lado de sus abuelos,
-La respuesta es un rotundo no -dijo Kane-, jNo! Y eso es todo, mamá, Puedo encontrar a mis propias mujeres sin que tú actúes como casamentera,
-Está bien -dijo Pat con un suspiro-, Vete a atender tus teléfonos,
Sin decir nada más, colgó, Por un momento, Kane contempló el teléfono con las cejas fruncidas, Debería mandarle flores, y tal vez una alhaja. Aun mientras lo pensaba, sabía que las flores y las joyas eran pobres reemplazantes de los nietos.
No llegó a su casa hasta las ocho de esa noche, y ya su cuñada Samantha había arropado a los chicos en sus camas. Su hermano Mike estaba en el gimnasio, de modo que Sam se hallaba sola; después de besar a sus hijos dormidos, Kane se encontró con ella en la sala. Tenía un enorme embarazo; su mano no abandonaba la parte inferior de su espalda mientras ella deambulaba por la casa encargándose de dos hombres y dos niños activos de cinco años, Kane tenía su propio departamento en Nueva York, un lugar desprovisto de todo, lleno en su ma yor parte de juguetes infantiles, y también tenía un lugar en la casa de sus padres, en Colorado, pero después de que su hermano le hubo presentado a Samantha, Kane y sus hijos se habían ido mudando gradualmente a la casa de Mike en la ciudad. ESO había sido provocado por Samantha, pensaba Kane. Sam deseaba una familia y, si eso era lo que Sam quería, entonces Mike iba a dárselo.
Sin preguntar, Sam le trajo a Kane una cerveza en un jarro enfriado. Él le había dicho miles de veces que no debía encargarse de atenderlo, pero Sam tenía la cabeza muy dura. Dejó a un lado la cerveza, se puso de pie y la a yudó a instalarse en una de las sillas de cuero de Mike. No estaba pesada, pero resultaba tan manejable como un dirigible.
-Gracias -dijo ella, luego hizo un gesto hacia la cerveza-. Anulo el objetivo de atenderte si debes levantarte para ayudarme, ¿no es cierto?
Sonriéndole, él se sentó y tomó la mitad de la cerveza de un solo sorbo. A veces deseaba tanto lo que poseía su hermano que era como si una llama amenazara con quemarlo. Deseaba una esposa que lo amara a él ya sus hijos; deseaba una casa propia; deseaba dejar de vivir indirectamente a través de su hermano.
-Vamos, cuéntame todo.
-¿Que te cuente qué?
-Ni tú ni Mike pueden disimular. ¿Qué te preocupa?
-Tú, quería decir él. El querer a mi cuñada y comenzar a odiar a mi hermano.
-Kane -dijo Sam-, deja de mirarme así y háblame. Dime qué te preocupa.
No podía decirle la verdad, de modo que le contó lo de la llamada de la madre.
-¿Qué vas a hacer? -quiso saber Sam.
Kane ni había soñado con aceptar la invitación de su madre, pero de repente pensó en pasar dos semanas solo en el desierto de alta montaña, con cuatro mujeres interesadas en él. Si eran mujeres de Nueva York, se asustarían ante los espacios abiertos y los ruidos de la noche; además, siempre se enamoraban del vaquero que las guiaba. Muéstrale a una neoyorquina un hombre con una camisa de algodón, vaqueros ajustados y un par de botas gastadas, y será toda tuya. Levanta la pierna sobre el lomo de un caballo, y probablemente se desmayará.
Mientras terminaba la cerveza, sonrió. Podría resultar agradable que una mujer lo mirara con ojos brillantes. Samantha miraba a Mike como si fuera un dios del Olimpo, y sus propios hijos miraban a Sam como si fuera la única madre que hubieran tenido.
-¿Estás pensando en -Tal vez -respondió Kane al otra cerveza. ¿Te traigo algo?
-Sobre la mesada de la cocina hay un fax de Pat. Describe a las mujeres que irán en la excursión.
Kane la miró sorprendido, pero Sam se limitó a encogerse de hombros.
-Llamó y dijo que esperaba que cambiaras de idea. Kane, una de las mujeres es viuda. Hace tres años tuvo un accidente de auto donde su marido murió y ella perdió un embarazo.
Cuando fue a la cocina, Kane tomó el fax y lo leyó. La viuda se llamaba Ruth Edwards, y su madre hasta había encontrado una foto de ella. Aun en la mala reproducción se notaba que era hermosa, tan alta, de piernas tan largas y de pelo tan oscuro como había sido su querida esposa.
Rápidamente, Kane leyó lo de las otras mujeres. Una era ayudante de un peluquero, otra estaba al frente de un negocio de para psicología en el Village, y la cuarta era una bonita rubia de poca estatura cuyo nombre le resultaba vagamente familiar .
-Escribe novelas de misterio – dijo Sam por encima del hombro.
Estaba tan cerca que su vientre rozaba el costado de él, pero la distancia entre el frente de su vientre y su cabeza daba la impresión de que su cara estuviera a un metro.
-¿Leíste alguna?
-Las leí todas. Las compro apenas llegan a la librería. -Hablando de escritores, ¿cómo va el libro de Mike?
-Nuestro libro -corrigió ella con énfasis, aunque sabía que Kane estaba bromeando- será publicado dentro de seis meses. -Hablaba de la biografía que habían escrito ella y Mike, El cirujano, con el seudónimo del autor formado por su apellido de soltera y el apellido de Mike. Elliot Taggert. -¿Y? -dijo impaciente-. ¿Vas a ir?
-¿Te encargarás de los chicos?
Era una pregunta retórica, y ambos lo sabían. -Siempre me encargaré de ellos.
-Precisamente por eso creo que iré a echarles un vistazo a las señoras de mamá.
Los ojos de Sam brillaron. -Pat mandará el jet de la familia para recogerte a las ocho de la mañana. Ya salió de Denver.
Kane no sabía si reír o gemir. Al final hizo las dos cosas, luego rodeó con un brazo los hombros de Sam y le dio un beso en la mejilla.
-¿Se me ve tan solo como dan a entender ustedes, las mujeres?
Más, pensó Sam, pero no le contestó. Se alegraba porque iba a estar con gente.